Opinión

Sobre la prensa "agresiva": lecciones de EU

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Medios de comunicación en EU. (Reuters)

Hora de revisar textos y referencias que ayuden a entender lo que está pasando en México en materia de libertad de expresión.

A continuación, parte de un ensayo de Haynes Johnson incluido en De la prensa, por la prensa, para la prensa (y algo más), libro editado en español por Gernika en 1978.

Se trata de un texto donde se revisa cómo en un momento dado la gente se queja de la agresividad de cierta prensa hacia el gobierno; y donde se expone también cómo luego toda la prensa se da el crédito de las ganancias de aquellos periodistas que en un momento dado fueron criticados por “agresivos”:

Cualquiera que piense que el presente estado de la prensa en Norteamérica es escandalosamente crítico de todo el gobierno, desde el presidente para abajo, debería ver el récord anterior. La moderna prensa norteamericana proviene de una tradición de independencia salvaje y una crítica cáustica, a veces injusta, caracterizada por una creencia de que ningún funcionario está libre de censura o de un severo examen.

Como escribió James Reston del Times al deletrear el antiguo credo: “Los Estados Unidos tuvieron prensa antes de tener una política exterior. Esto es una gran parte del problema entre sus escritores y sus funcionarios hoy. (…) Los panfletistas norteamericanos del siglo XVIII no solamente ayudaron a redactar la Constitución, sino pensaban, con considerable justificación, que habían creado la Unión. Ellos creían que el poder del gobierno era potencial, sino inevitablemente, fatídico y tenía que ser vigilado, especialmente cuando se aplicara en secreto y en el extranjero, y escribieron las reglas a modo de que la prensa se encontrara entre los vigilantes. En su actitud más afable, concedieron sin duda que la prensa serviría al país, pero insistieron en que la mejor forma de servirlo era criticando todos sus actos y pensamientos, y algo de ese espíritu agresivo ha persistido hasta ahora”.

Indudablemente, ese espíritu agresivo existió por largo tiempo. Poco después del discurso de despedida de George Washington, un periódico de Filadelfia, el Aurora, presentó sus respetos al primer presidente diciendo: “Si alguna vez una nación fue corrompida por un hombre, la nación norteamericana ha sido corrompida por Washington”.

Es a esa clase de tradición a la que Reston se refiere. Pero creo que es justo decir que esa agresividad no ha sido el sello de la prensa norteamericana en años recientes.

Por lo tanto, no otorguemos laureles a la prensa como un conjunto por Watergate. Saludemos a unos cuantos, si lo desean, pero recuerden que por grandes segmentos de la prensa, la historia de Watergate quedó básicamente inexplorada. En retrospecto, no debería habernos sorprendido el último otoño, meses después de la escalada, que George Gallup reportara que sólo la mitad del pueblo norteamericano había oído o leído acerca de Watergate. O que la popularidad del presidente permaneciera en tan altos niveles durante tanto tiempo mientras se descubría la historia.

Finalmente, cuando la prensa empezó a poner más atención y el peso acumulado de la historia se impuso, las condiciones cambiaron. Ahora, dice Gallup, 97 por ciento del pueblo han oído o leído acerca de Watergate. Al incrementarse ese conocimiento general, la popularidad del presidente continuó descendiendo.

Al final, la prensa ha realizado su tarea, pero como muchos otros involucrados en Watergate, ha sido un héroe bastante reluctante.
24 de junio de 1973.

Twitter: @SalCamarena

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