Opinión

Slim, de Diego Osorno, viaje a un país sin gobierno

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Carlos Slim

El gran ausente de la biografía que sobre Carlos Slim Helú acaba de publicar el periodista Diego Enrique Osorno es el gobierno. En las 375 páginas del volumen editado por Debate discurre la historia de un modelo empresarial, personificado por el dueño de Telmex, aunque no es el único que lo encarna, que para ser tal, precisa la inoperancia, irrelevancia y/o complicidad de los entes gubernamentales.

Slim es Slim porque no hay un gobierno digno de ese nombre. En Slim. Biografía política del mexicano más rico del mundo, Osorno retrata una carrera empresarial donde “el ingeniero” es sólo el alumno más aventajado de una élite que mantiene al gobierno porque éste los mantiene a ellos. Y viceversa.

En el libro no destacan las figuras de presidentes de la República o de secretarios de Comunicaciones y Transportes; tampoco abundan las decisiones u opiniones de comisionados, actuales o anteriores, de los órganos reguladores en telecomunicaciones.

La ausencia de esas voces no constituyen defecto o insuficiencia alguna achacable al biógrafo; al contrario, el vacío histórico dejado por las autoridades termina por ser el sustento de las sagas empresariales que Diego Enrique Osorno entreteje.

La investigación más completa sobre el hombre más rico de México es al mismo tiempo una historia básica.

Básica y en lo sustancial ya conocida. Es la historia de los soldados del PRI. Porque el canon de Azcárraga Milmo no sólo es vigente, sino que ha probado que puede sobrevivir, sin mella, a las alternancias. Son los soldados, los vigías del sistema porque el sistema son ellos.

Soldados que, sin embargo, protagonizan luchas intestinas. El reportaje de reportajes de Osorno exhibe secuencias de una película donde las versiones de los protagonistas se contraponen, sin que nadie medie, sin que una entidad superior se imponga, sin que –en pocas palabras– el Estado tenga un rol preponderante. Una película sin director.

Es Slim contra todos y, según el empresario de las telecomunicaciones, todos contra él.

-¿Son Televisa y TV Azteca sus principales adversarios en México?- pregunta Osorno a Slim.

-Pues se pusieron de acuerdo, y todo para joder…

En contraparte, Diego Enrique también entrevista a Bernardo Gómez y Alfonso de Angoitia, mandamases de Televisa que explican sus diferendos con el jefe de la tribu Carso. Ellos se quejan de que se equipare el poder de la televisora con el de Slim. Habla Bernardo Gómez:

-Cuando dicen: “Es una guerra de titanes”, dices: ¡Qué ternura! ¿Cómo titanes? ¿No te has dado cuenta de que el señor vale 70 mil u 80 mil millones y Emilio (Azcárraga) dos mil millones?

De refilón, Osorno rememora una de las claves de ese sistema en el que han florecido tanto Televisa como el conglomerado Slim.

Cuando muere El Tigre Azcárraga, y a los 28 años de edad su hijo hereda un imperio emproblemado, Ernesto Zedillo advierte al heredero y a sus ejecutivos que o sacan adelante el barco o él, el presidente de la República, “no tendré duda en hacer lo que tenga que hacer”.

¿Por qué Zedillo no se planteó otro destino para Televisa, y con ello una recomposición mediática en México? ¿Por qué apostó por el statu quo? En sus palabras: por la relación que tuvo con El Tigre.

Así la política pública con Televisa, con Slim, con Alberto Baillères, con Roberto Hernández, con...

La agradecible biografía de Osorno sobre Slim es el retrato de un sistema empresarial cuya esencia el autor captura en una línea: “El éxito de unos cuantos no debería ser a costa del fracaso de todo un país”.

Twitter: @SalCamarena

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