Opinión

'Sketch' para Fox: imaginen que fuera presidente…

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Vicente Fox.

Vicente Fox Quesada es un chiste. Del “no nos falles” en la noche del 2 de julio del 2000 a hacerse esta semana una foto con la 'britneyseñal'. Del fallido pescador de peces gordos de la corrupción a valentón balín frente a Donald Trump. En mala hora este demócrata accidental ha decidido renunciar a lo poco que le quedaba: ya ni siquiera aspira a ser un buen expresidente.

La versión recargada de quien fuera un mal líder de la República ha olido que una política sin liderazgos ni rumbo baila hoy al son que le toquen el espectáculo y el dinero. ¿Dijeron show pagado? Me apunto, dicen que se oyó decir desde un lugar polvoriento de Guanajuato, y la era parió el retorno del no añorado. Que vuelva Fox, dijo nunca nadie.

Pero él está aquí. Él, que llegó y se fue sin entender la oportunidad que le dieron los votantes, ha descubierto que tiene la estatura de las redes sociales: mira Martita, las chiquillas y los chiquillos me responden, velos, son hartos, deja me meto ahí, deja intento revivir patrocinios y conferencias, ya ves que siempre fui bueno para los chascarrillos, en una de esas me convierto en el Piporro (perdón, don Eulalio, por atreverme a usar su apodo) del tuiter y el feis.

Y famélicos por ausencia de debates que lleguen a algo, y al mismo tiempo hartos de discusiones chatarra, bofos de tanto bodrio por doquier, pero incapaces de cambiar de dieta, los medios corremos a darle la bienvenida a la nueva atracción: Que Vicente vuelve, que le cantó un tiro a Trump, que qué bueno que alguien dice algo ante el silencio de Peña, que qué arrugada está la expareja presidencial, que qué onda con su inglés de infraestrotchur, que búsquenlo para una entrevista, que una entrevista provoca otras diez, y otras diez otras cien… que caímos en el truco, que nos merecemos a Vicente, y a Martita y el patético show de ver a un expresidente convertirse en un mal Polivoz.

¿Es inalienable el derecho que tiene todo individuo a convertirse en un remedo de caricatura? Sí. Pero si quien lo hace fue un presidente de una República que de vez en cuando se sueña grande, entonces habría que pensar en no hacerle el caldo gordo, en tomar distancia, en mandarlo de regreso al rancho, en pedirle que explique lo de sus hijastros, en demandarle que sea explícito: cuántas conferencias, cuántos cursos, cuánto del dinero que entra al Centro Fox proviene de arcas públicas, cuánto de su retorno es una herramienta para seguir drenando gobiernos y partidos, que se pagan favores unos a otros, disfrazados de cursos en Guanajuato.

Si alguna vez visitan el Centro Fox (yo ya fui), no necesitan ser ingenieros ni matemáticos ni administradores para contener el aliento: no por la hermosura del sitio, no se pasen, sino por una ecuación simple que es toda una incógnita: ¿cómo nació todo eso si no existía antes de que Vicente fuera mandatario? Y, sobre todo, ¿cómo se mantiene tamaño vergel en el páramo?

¿Una pista? Con ese toreo para las masas, que ejecuta este personaje más propio de una charlotada que de una galería de expresidentes. Y con favores, supongo que muchos favores, de la clase política que al final de cuentas, como decían los priistas, pueden destrozarse pero nunca se harán daño.

Y encima de todo tiene el descaro de no querer renunciar a su pensión vitalicia. Ante tales desplantes, sólo resta decir: Vicente para president… ah, no, verdad.

Qué ridículo todo.

Twitter: @SalCamarena

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