Opinión

Sismo, ¿con quién contamos?

    
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Camarena

El terremoto de ayer es una dura prueba para México. Las labores de rescate seguirán durante días y semanas, la tranquilidad no volverá pronto a miles de hogares –particularmente de aquellos que perdieron a algún ser querido o su techo–, la emergencia es real y acaso el único aliento en estas horas surge de las muestras de solidaridad de tantos en tantas partes, buen síntoma de una salud social que luego creemos rota.

No hay buena ocasión para la tragedia, por supuesto. Sin embargo, reconozcamos que el sismo ha ocurrido al inicio formal de la parte álgida de la pugna por el poder. Resulta obligado entonces tomar decisiones muy concretas.

El gobierno de la República, por principio de cuentas, debe de olvidarse de un modelo electorero de gestión de la tragedia.

La Ciudad de México enfurecerá si la atención gubernamental no es expedita, específica, tan ordenada como sea posible, coordinada entre poderes y ausente de todo intento de utilización propagandística y/o partidista. Similar respuesta puede esperarse de las poblaciones de Morelos o Puebla.

El reto para la administración Peña Nieto es aún más complejo, dado su pobre récord en cuanto a manejo de crisis. El panorama empeora si a lo anterior sumamos que la situación por los recientes sismos en Oaxaca y Chiapas –los daños y la urgente reconstrucción– implicará un gran problema logístico para un gabinete poco ducho. Y de la cortedad de recursos económicos ni hablamos. Todo lo anterior, dicho sin animosidad alguna; no es éste el momento para ello. Es mera observación, no crítica.

Por tanto, Enrique Peña Nieto tiene que tomar decisiones. Si hemos de creer por una vez al senador Gamboa, el presidente no puede darse el lujo de tener hoy a cuatro importantes secretarios de Estado con la cabeza en aspiraciones presidenciales. El mandatario debe dar un claro mensaje de que los mejores de su equipo atenderán la emergencia sin otro afán, sin otro cálculo, que prodigarse en el auxilio a la población.

México no está destruido, pero los daños sufridos en demasiadas poblaciones requieren, antes que nada, la fuerza de un mensaje gubernamental, se precisa que sea evidente la decisión del mandatario por atajar la crisis lo mejor posible, sin regatear nada.

Si hay un momento para dejar ir a unos y cortar las alas a otros, ese momento llegó. Ojalá Peña Nieto no siga su tradicional impulso (por no llamar terquedad a esa tendencia) de no cambiar sus planes, incluso cuando la realidad le reta.

Esa decisión presidencial ni puede esperar ni puede ser equivocada. Es legítimo que deje a uno o a dos seguir corriendo, pero al resto debe encargarles ayuda a cerrar bien el sexenio, y en ese libreto no estaban los sismos de septiembre. ¿Con quién contamos, presidente?

La coyuntura también obliga a autoridades de otros niveles a tomar decisiones y hacerlas manifiestas. Un sismo como el de ayer no permite la manipulación, a voluntad, de agendas personales.

En la CDMX, los delegados donde hubo daños y el jefe de Gobierno deben aclararse. ¿Se quedan a hacerse cargo del complejo proceso de atención a una comunidad en la adversidad, o se van? ¿Con quién contamos?

México fue remecido ayer, no sólo en términos, de por sí graves, de estructuras físicas. Con desastres como éste se disparan añejos temores, de naturaleza humana unos, surgidos de la memoria colectiva otros. El miedo a perder a un ser querido, a quedarse sin nada, a no tener a los líderes que demanda el infortunio.

Los mexicanos merecemos saber en este momento con quién contamos.

Twitter: @SalCamarena

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