Opinión

¿Sirven las cifras fiscales?

 
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Banxico

El Banco de México publicó la semana pasada su Informe del Tercer Trimestre de 2015. Contiene información relevante sobre el estado actual y futuro de la economía y las finanzas, que en su momento comentaremos. Sin embargo, uno de los puntos que llamó poderosamente la atención es el desdén con que el banco trató las revisiones que hizo la secretaría de Hacienda y Crédito Público de las cifras de las finanzas públicas mexicanas de los últimos años, en particular de los requerimientos financieros del sector público que, como se sabe, son el verdadero indicador del déficit fiscal al medir las necesidades de financiamiento del sector público.

Al tratar el tema de las fuentes y usos de los recursos financieros de la economía, el banco concluye que es necesario que el gobierno reduzca el déficit fiscal, en vista de que se espera un escenario de relativa astringencia crediticia a consecuencia de la normalización de la política monetaria en Estados Unidos. En tal circunstancia el temor es que los agentes que se encuentren endeudados puedan resentir choques financieros no sólo del incremento en las tasas de interés, sino también de la falta o de la menor disponibilidad de créditos.

Si bien el banco está en lo correcto al señalar lo anterior, no lo está al ignorar la revisión que ha hecho la secretaría de Hacienda de las cifras del déficit fiscal de los últimos años y que el propio banco reporta en la página 42 de su informe.

Ahora resulta que el déficit fiscal de 2014 no fue de 4.0% del PIB, como se había venido sosteniendo, sino de 4.6%; mientras que el de 2013 no fue de 3.0%, sino de 3.7%. El déficit fiscal de 2012 fue de 3.8% en lugar de 3.2%; el de 2011 fue de 3.4% antes que de 2.7% y el de 2010 fue de 3.9% en lugar de 3.4%.

Esto, simple y llanamente indica que el grado de solvencia del gobierno mexicano siempre ha sido más bajo de lo que se ha venido señalando y sosteniendo. Lo cual lleva inmediatamente a inferir que todo lo que se dijo e hizo relacionado con esta variable estuvo basado en cifras alejadas de la realidad.

Baste pensar, por ejemplo, en acciones como las decisiones de inversión; el sentido de la política económica, en particular la monetaria; la evaluación de los niveles de riesgo del país y por tanto en la calificación soberana; las relaciones con organismos financieros internacionales, etc.

Obviamente, la implicación más importante de este hecho se dará sobre la credibilidad de las autoridades fiscales. ¿Cómo podrá confiarse en el señalamiento de que el déficit bajará a 4.1% del PIB en 2015, si se acaban de revisar al alza todas las cifras de los años anteriores?

Por otro lado, es de esperar que los agentes que utilizan esta variable para sus propios fines enmienden sus políticas o actuaciones en función de las nuevas cifras. Resulta claro, en tal sentido, que el banco central tendrá que ser más cauto en el seguimiento del marco macroeconómico y en la formulación de su política; que el FMI y los organismos financieros internacionales tendrán que reevaluar sus apreciaciones sobre la solvencia mexicana, al igual que las agencias internacionales de calificación de riesgo. El propio gobierno tendrá que hacer un esfuerzo mayor para reducir el déficit fiscal, lo cual necesariamente afectará el dinamismo de la economía.

Si bien estamos muy lejos de ello, uno de los últimos casos que llamó la atención sobre este tipo de problemas fue el de Grecia. Como se recordará, los reportes de finanzas públicas que los funcionarios griegos enviaban a las autoridades de la Eurozona diferían mucho de la realidad.

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