Opinión

¿Síndrome de voracidad recaudatoria?

 
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[Banamex estima que recaudación podría aumentar entre 0.6 y 0.8 puntos del PIB / Bloomberg]

Una queja permanente de diputados, funcionarios federales y analistas de temas económicos, es que los estados –y los municipios– no recaudan, o recaudan poco. Cierto. Algunos porque no pueden, sus facultades impositivas son de un potencial recaudatorio irrelevante o su base de contribuyentes es raquítica, principalmente en el sur; pero otros no quieren porque no tienen responsabilidad fiscal, prefieren estirar la mano que recaudar. A éstos se les ha criticado mucho, con razón. Por ello no deja de parecer curioso que al responsable de recaudar impuestos en la CDMX, y hacerlo bien, con reconocimiento de los indicadores del propio SAT y de los estados, se le acuse de tener un apetito fiscal voraz, lo que contrasta con lo que sucede en muchos estados.

Su argumento es que recaudaste más de lo que programaste, porque subestimaste tus ingresos, pero los incrementos son notables. Además, veamos amigo lector, en principio todos los que se dedican a este tema de la Hacienda pública saben que el Presupuesto de Egresos es un compromiso y los ingresos una estimación, en la que debes ser prudente.

En una estimación de ingresos influyen factores que pueden alterar los pronósticos, como es el caso del crecimiento económico, la negligencia o la eficacia de los administradores tributarios; la corrupción, por supuesto, y la ausencia de interés fiscal de los jefes políticos de éstos, así como la inexperiencia de varios. La recaudación también puede variar por un mejor cumplimiento voluntario, por ajustes a las leyes para evitar la efusión fiscal o a veces desafortunadamente por la inflación.

Los buenos resultados en el orden federal y en el caso de la Ciudad de México tienen que ver –y mucho– con el esfuerzo de los administradores tributarios. Por un lado el SAT ha recaudado más de lo previsto, las participaciones a febrero lo demuestran, y es el caso de la Tesorería de la Ciudad, igual en la mayoría de los indicadores de la colaboración administrativa y de la recaudación local.

En el caso de la colaboración administrativa, con datos del Informe de Evaluación de los Programas Coordinados SAT-UCEF-Entidades Federativas del año pasado, evaluación que se empezó a hacer en 2001, la CDMX aparece en primer lugar en el cobro de incentivos por actos de colaboración, verificación y administración, por lo que recibió cuatro mil 446 millones de pesos, 27 por ciento del incremento nacional, siguiéndole Nuevo León con 10.5, Campeche con 9.92 por ciento y Edomex con 9.65. Donde es más notoria la importancia del esfuerzo fiscal es en lo referente a vigilancia de obligaciones, donde la CDMX obtuvo como incentivos dos mil 38 millones en 2016 vs mil 483 millones en 2015; lejos, muy lejos, está Nuevo León con 408 millones contra 307, esto es, menos de 20 por ciento de lo logrado por la Ciudad. Luego sigue Edomex con 205 millones. En la sumatoria del total de incentivos, con seis mil 732 millones dobla al Edomex, que ocupa el segundo lugar.

Por el lado de su recaudación de ingresos propios, creció 5.1 por ciento real y 23.6 por ciento en relación a lo programado, fundamentalmente por el impuesto sobre nóminas, el predial y una disminuida tenencia, por el cinturón de gastos fiscales de estados como Morelos, que no la cobran. Los ingresos propios de la CDMX prácticamente quedan a la par con las transferencias.

Sin embargo, creo que el tema no es el ingreso, sino el gasto. Argumentan que al subestimar los ingresos, la recaudación excedente se usa con una gran discrecionalidad a la hora de gastar. Pero ojo, las propuestas de gasto del Ejecutivo federal y de los estados pasan a través del Congreso de la Unión, y de los congresos locales, por lo que los diputados pueden revisar las estimaciones, hacer las propias y por tanto las pueden modificar antes de aprobar el paquete fiscal.

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