Opinión

Sin rumbo

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Educación

Que la educación en México es mala, no es ninguna novedad. Lo que no deja de sorprender es que al parecer queremos que siga así. La evidencia sobra. Los resultados de la prueba PISA de 2012 en lectura, matemáticas y ciencias, nos sitúan no sólo por debajo del promedio de la OCDE, sino en los últimos lugares de la tabla. La misma prueba muestra un bajo nivel de compromiso del estudiante con la escuela, faltan más o llegan tarde con frecuencia. Menos de 1.0 por ciento de los alumnos mexicanos mayores de 15 años alcanza los niveles de competencia “altos”. Con datos del Inegi, 43 por ciento de los jóvenes entre 15 y 19 años no asiste a la escuela; 6.9 por ciento de la población de 15 años o más es analfabeta, y el porcentaje es mayor en las mujeres.

De ese mismo rango de edad, 11.6 por ciento es analfabeta funcional, es decir, aunque saben leer y escribir, y algo de aritmética básica, no pueden aplicar estas habilidades de forma eficiente en la vida diaria. El 75 por ciento de los estudiantes manifiesta tener “ansiedad” frente a las matemáticas, lo cual determina, en consecuencia, sus opciones posteriores de estudio.

La educación cambia vidas y cambia todos los aspectos de la vida. Una mejor educación es fuente inagotable de externalidades positivas. Entre más educada esté una familia, logrará mejores condiciones de higiene, de alimentación, de salud. Una mejor educación no sólo permite a los individuos escapar de la pobreza al desarrollar las herramientas necesarias para mejorar su calidad de vida, sino que también es el catalizador inicial de la productividad. Y ya sabemos que la productividad es lo único que permitirá un desarrollo económico sostenido y de largo plazo. Con datos de la UNESCO, en 1965 en algunos países del sudeste asiático se estudiaban 2.7 años más en promedio de lo que se estudiaba en África subsahariana. En los 40 años posteriores, el PIB per cápita aumentó 3.4 por ciento en promedio anual en los primeros y únicamente 0.8 por ciento en los segundos.

Durante los 80, el ministerio de Educación de Singapur desarrolló sus propios libros de texto de matemáticas con la idea de que tanto los estudiantes como los profesores se enfocaran en dominar habilidades básicas con un esquema de resolución de problemas de tres pasos: concreto, visual y abstracto. El método, posteriormente conocido como “Singapore math” generó gran interés al ver cómo los estudiantes de Singapur mejoraban continuamente su desempeño hasta alcanzar el primer lugar mundial.

Estados Unidos quiere mantener su liderazgo global en innovación y desarrollo y para hacerlo ha decidido enfocar gran cantidad de recursos, no sólo monetarios, para preparar profesores en ciencias, tecnología, ingenierías y matemáticas (conocido como STEM por sus siglas en inglés). Preparando a los profesores, reconoce que la transmisión de estas habilidades a sus alumnos será más eficiente. La apuesta es a mediano y a largo plazos, pero las decisiones se toman hoy.

El viernes pasado fuimos testigos del brutal desprecio que nuestros gobernantes tienen hacia la educación de México. Hay muchos adjetivos para describir lo ocurrido, pero no podemos dejar de mencionar la miopía o la ceguera prácticamente, al no ver que este tipo de medidas mantendrán al país estancado. En el resto del mundo se discuten las habilidades que necesitarán las personas para poder enfrentar y aprovechar las nuevas tecnologías. Se toman las decisiones. Aquí ni siquiera queremos evaluar.

Se ha escrito mucho esta semana al respecto. Y no es suficiente. Mientras como país no pongamos énfasis en dar un cambio radical en la educación de los mexicanos, no habrá nada, nada, que nos permita vislumbrar un mejor camino hacia delante. No habrá crecimiento, no habrá disminución de la desigualdad, no disminuirá la pobreza, no mejoraremos en ningún índice de desarrollo.

Cuando Alicia, en Alicia en el país de las maravillas, le pregunta al gato hacia donde dirigirse, él le contesta que depende de dónde quiera ir. A ella no le importa, mientras llegue a algún lado. “Entonces da igual, mientras camines lo suficiente, llegarás a algún lugar”, le contesta el gato. Eso estamos haciendo. Al tomar decisiones como la suspensión de la evaluación educativa, sí estamos tomando un camino, estamos siguiendo la ruta de la mediocridad.

* La autora es profesora de economía en el ITAM e investigadora de la Escuela de Negocios en Harvard.

Twitter: @ValeriaMoy

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