Opinión

Sin brújula en leyes de Propiedad intelectual

 
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 [Se prevé que el TPP terminará de negociarse en 2014 y se apruebe por los congresos de los países en 2015. / Cuartoscuro] 

Ante la pérdida de inercia que ha supuesto la redefinición de su posición respecto del TPP (Transpacific Partnership Agreement), por parte de Estados Unidos, y en particular por los dos contendientes a la presidencia, nuestro país parece haber extraviado el rumbo de las necesarias reformas legislativas que se vislumbraban en puerta.

Desde el inicio de los años noventa, México ha guiado los esfuerzos reformadores de sus leyes de patentes, marcas y derechos de autor, directamente de los diversos tratados internacionales a los que nos hemos sumado sin traumas y sin consignas. Primero fue el llamado TLCAN el que guió nuestros pasos, y un poco más adelante el llamado ADPIC de la OMC.

En los años recientes han sido tratados específicos de Propiedad Intelectual los que han influido en algunos aspectos de nuestra legislación, en particular el llamado Protocolo de Madrid, al que México se adhirió en 2012 y que este mismo año influyó en la reforma para incorporar a nuestro sistema de registro de marcas el llamado “sistema de oposición”. En materia de derechos de autor los tratados que han marcado la pauta a partir del año 2000 son los acuerdos internacionales orientados a regular el uso de obras en el entorno digital, y que se han reflejado en nuestra ley de la materia.

En estos últimos 3 años, los grandes cambios que se avecinaban estaban amarrados a los compromisos incluidos en el TPP, cuyo robusto capítulo de Propiedad Intelectual contenía los derechos de nueva generación en la materia. A pesar de que el aspecto más debatido del tratado era el relativo a los beneficios otorgados en materia de patentes farmacéuticas, otros cambios promisorios se reflejarían en materia de marcas no tradicionales, indicaciones geográficas y acciones preventivas de violaciones de derechos de autor en internet.

Como se recordará, nuestro país apuró al máximo los tiempos e invirtió grandes esfuerzos en lograr “cerrar” el acuerdo junto con los otros 11 países que integran el TPP, en un movimiento estratégico para no perder beneficios comerciales con Estados Unidos. Sin embargo, el súbito cambio de discurso en los mensajes de los candidatos en aquel país, en relación a la conveniencia de seguir firmando acuerdos de libre comercio, parece haber sido interpretado como el fin de la fiesta de los acuerdos internacionales liberatorios del mercado y el regreso a políticas proteccionistas.

Si algo ha aprendido México en estas dos décadas de libre mercado, es que las condiciones para atraer inversión y ser competitivos están fuertemente vinculadas a la creación de sistemas normativos eficientes y modernos, que fomenten la creación y transferencia de tecnología. Este punto es medular de las leyes de protección de propiedad intelectual, y mal haríamos en desestimar la enorme influencia que tienen en la percepción del clima de negocios en un mercado.

De hecho, una experiencia positiva que deberíamos actualizar fue la anticipación con la que nuestro país reformó la Ley de la Propiedad Industrial en 1991, alineándola a lo que posteriormente sería el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que entró en vigor 3 años después. Esa es parte de la apuesta que nuestro país podría hacer reformando sus leyes para situarlas otra vez en la vanguardia mundial, 25 años después del último aliento reformador.

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