Opinión

Simulación federalista

No hay duda de que el federalismo es la mejor forma de gobierno que podemos darnos, sin que sea sinónimo de descentralización, aunque es evidente que son conceptos que deben caminar unidos o no lo son. En el tiempo se han dado avances importantes que se estancaron; sin embargo, las bacterias centralistas han despertado en los últimos años, concretamente desde 2007, cuando se hizo deporte hacer campañas en contra de los gobernadores que -en su mayoría- no estaban en la esfera partidaria del gobierno federal. Pero no se ha cambiado, destacando en lo hacendario o fiscal -en el ingreso y el gasto- con base en un discurso federalista, con acciones centralizadoras.

Se ha generado una cultura de la simulación, en muchos casos por desconocimiento -incluso de muchos gobernadores- que son proclives a firmar e incluso agradecer acciones que afectan las finanzas estatales o municipales, como sucedió cuando firmaron el Acuerdo para la Descentralización de la Educación Básica en 1992, o cuando se signó la desconcentración del FASSA. En ambos casos hubo resistencia de secretarios de Finanzas, Oaxaca en ambos casos. No obstante, los gobernadores firmaron la desconcentración de los servicios administrativos de educación y salud. Por supuesto no recibieron la rectoría en ambas materias, por eso cuando tres gobernadores en diferentes momentos hablaron de “regresar la educación” -Murat, Sánchez Anaya y Amalia- era claro que no podían regresar lo que no habían recibido; sí podían renunciar a los servicios administrativos, como algunas entidades hace pocos años intentaron hacer en conjunto, pero fueron inhibidos desde dentro, lo que por cierto se ha vuelto un proceso complejo, como se ve con la homologación de plantillas. Hay hoy casos dramáticos de insolvencia presupuestaria, pero no todo es culpa de los gobiernos estatales, hay muchísima responsabilidad del gobierno federal.

Es claro que los funcionarios actuales, tanto en la SEP como en Hacienda, no son responsables de lo anterior, ni los gobernadores de hoy, menos los que vienen el próximo año, pero les toca enfrentarlo y sería muy útil que se escarbara en el fondo del asunto, así como el papel del SNTE en esta historia, que ha sacrificado la educación de millones de niños mexicanos, especialmente en ciertos estados, aunque la simulación se da en la mayoría.

Los gobernadores de aquellos tiempos sentían que tendrían más recursos para decidir cómo gastar, pero vaya sorpresa, estaban condicionados y poco a poco se comerían más y más recursos estatales para complementarlos; serían patrones sustitutos, comprando las broncas sindicales, y en la doble negociación, donde “sí daban” se armó un desastre como los 90 días de aguinaldo.

Son frecuentes las voces de funcionarios fiscales estatales que dicen no “querer la educación”, por el alto costo que significa para las finanzas de sus entidades federativas, más hoy que les empiezan a descontar de sus participaciones adeudos con terceros institucionales como el ISSSTE.

La parte técnica del asunto es clara, la regresión que se profundizó desde 2008 con la “nueva fórmula del FAEB”, el incumplimiento de la Ley de Coordinación Fiscal al presupuestar no sobre el cierre, sino sobre el presupuesto inicial, afectando y quitando recursos que deberían ser regularizados a las entidades menos favorecidas, a favor de otras por la suma cero.

Pero estamos ante un asunto eminentemente político, donde los herederos del desastre deben ver integralmente el problema y avocarse a resolverlo conjuntamente.

Si en verdad queremos pasar de la subordinación a la coordinación fiscal, debemos revitalizar los órganos de coordinación, por ejemplo regresar su papel institucional a la Unidad de Coordinación con Entidades Federativas (UCEF) que no puede depender de un subsecretario, más cuando hablamos como meta de la “coordinación hacendaria”.

Correo: brunodavidpau@yahoo.com.mx