Opinión

Sillas vacías

Estaban vacías las curules del segundo salón más importante de la Cámara de Diputados en el inicio de la discusión del tema que propició la convulsión social más dura de los últimos años: las desapariciones forzadas. Entraron nada más padres de víctimas y representantes de organizaciones civiles. Hubo un tiempo de espera, pero los diputados nunca cruzaron la puerta, desde las 10 de la mañana hasta las tres de la tarde, hora en que concluyeron los discursos de otros invitados.

Había que sondear por qué no llegó Silvano Aureoles, presidente de la Cámara de Diputados, a la inauguración del foro como estaba programado en la agenda: su Twitter @Silvano_A, que tiene el logo de autenticidad, delataba que estaba en otros asuntos más importantes para él.

A eso de las siete a.m. escribió:

-Buen día #AlAire con @RicardoRocha_MX para platicar sobre mi registro como precandidato del @PRDmexico al gob de Michoacán @Radio_Formula

Minutos más tarde puso:

-Ahora platico con @SergioyLupita por el 88.1 FM ojalá puedan escucharnos. @LupitaJuarezH @SergioSarmiento.
Terminó esa charla y siguió con más:

-Ahora estoy #AlAire con @CiroGomezL @Radio_Formula para platicar sobre mi estado, #Michoacan. (104.1 FM).

Al caer la noche él seguiría tuiteando más entrevistas y notas periodísticas que aluden a su figura. El señor quiere, por segunda vez, gobernar Michoacán, y ocupa sus horas de trabajo en promover su figura.

Si Aureoles, la cabeza visible del Congreso, falta sin desasosiego, con mucho más libertad lo hacen los 499 restantes que están menos expuestos al foco mediático. Si bien, se entregaron 21 licencias a diputados para separarse del cargo en busca de una candidatura, otros ayudan a sus partidos en la operación de las elecciones de junio. En el Senado también se entregó una veintena de licencias y la historia de dispersión se repiten.

Entonces representantes de Amnistía Internacional ni otros organismos de derechos humanos fueron escuchados de las necesidades, los retos legales ante el descubrimiento de fosas clandestinas en Guerrero y otros estados del país. Por la mañana, Emilio Álvarez Icaza, representante de la CIDH, repetía que entiende la necesidad de justicia de los familiares, pero al mismo tiempo lo “grave” que significa que los padres, sin acompañamiento de autoridades, exhuman los cadáveres de fosas clandestinas porque se alteran evidencias.

Tampoco oyeron a Eliana García, encargada del despacho de la Subprocuraduría de Derechos Humanos de la PGR, sobre el trabajo de hacer una base de datos de desaparecidos en un país que lleva más de un sexenio de padecerlas con más de 29 mil casos. Ni a otros ponentes. Ni mucho menos, conocieron que ha nacido el Equipo Mexicano de Antropólogos Forenses, integrado por arqueólogos, antropólogos, criminalistas y biólogos, que de manera modesta empezó a trabajar, como el equipo argentino formado después de la dictadura militar, pues dar el salto a otro cargo importa más que la tragedia nacional.

¡10 segundoa! Sólo se aparecieron dos diputados. Miguel Alonso Raya, coordinador del PRD en el Senado. Echó un discurso y se fue. Y José Luis Esquivel que propone reformar la ley federal para darle peso a los castigos por desapariciones forzadas. Hasta ahora ese delito apenas alcanza cinco años de prisión.

Twitter: @alexsanchezmx