Opinión

Silencio, que están durmiendo…

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Héctor Astudillo, gobernador de Guerrero. (Archivo/Cuartsocuro)

Con el perdón del boricua Rafael Hernández, autor de esa gran canción, así podría comenzar el bolero favorito del gobernador Héctor Astudillo.

Silencio, que están durmiendo, los narcos y las amapolas…

No quiero que sepan mis penas, porque si me ven llorando, reirán…
Para el nuevo mandatario de Guerrero lo importante no es la violencia, no son las víctimas, ni las comunidades rotas por el miedo, menos la impunidad. Lo importante es que los medios guarden silencio ante matazones, saqueo y 'levantones'.

Mi alma muy triste y pesarosa, a las gentes quiere ocultar su amargo dolor...

El miércoles, El Sur de Guerrero puso a ocho columnas lo siguiente: “En el primer trimestre del año hubo 527 ejecutados, 51% más que en 2015”. El sumario de la portada rezaba: “Un recuento de la información publicada en El Sur indica que en marzo los asesinatos atribuidos a la delincuencia organizada son 182, un 27% más que en febrero. En Acapulco se cometieron 98 y 84 en otros 26 municipios. De estos, el mayor número ocurrió en Iguala, Chilpancingo, Coyuca de Benítez y Taxco. Acuerda el Grupo Coordinación Guerrero despliegue de seguridad en 155 escuelas y en los hospitales de Acapulco”. (http://suracapulco.mx/?date=2016-04-06)

Si todos supieran lo que estoy sufriendo, por mis penas llorarían también…

A las pocas horas de que se publicara el recuento de El Sur de Guerrero, al gobernador Astudillo no se le ocurrió mejor cosa que proponer que los medios acuerden un “convenio de silencio” (sic). Cito sus palabras, dirigidas a los reporteros, de la nota de Reforma publicada el jueves: “Que nos ayuden (los medios de comunicación) a que la gente hable menos de las desafortunadas circunstancias que vive Guerrero (…). Alguien de Zihuatanejo decía que ellos estaban muy conscientes de lo que vivían pero que a ellos les interesaba mucho que hubiera turismo y hubiera empleo y que por eso cada día en Zihuatanejo todos hacían un convenio en silencio a efecto de que estuviera el turismo repleto, como está Zihuatanejo (…). Hablen bien de Acapulco. Ayúdenos para que la gente al rato quiera regresar (…). En Acapulco los hombres y mujeres tenemos que ir valorando qué tanto nos ayuda que estas noticias sean los propios acapulqueños lo que los difundimos”. Y con supuesta ironía el gobernador remató: “Muchas gracias a los que se dedican a hacer promoción mala a Acapulco, gracias”.

Silencio, que están durmiendo, los narcos y las amapolas…

No quiero que sepan mis penas, porque si me ven llorando, reirán…

Convenio de silencio, cómo no se nos había ocurrido. Así que Astudillo ya encontró el origen de los males y al mismo tiempo la solución mágica que una década después de la guerra del narco tanto, y con tanto afán, habíamos como país buscado. El problema, again, son los pinches muertos que no dejan de morirse y los chismosos medios que no dejan de decir que los muertos se murieron de balazos o a machete limpio, ora en una barriada infecta, ora en una playa, en el mercado o en la tortillería. A quién le lloran, chingao, si el difunto era un taxista, si la muerta era taquera. Puros muertos de hambre, qué no oyeron al secretario Osorio, aí la llevamos con ocupación hotelera, que es lo que sí importa, los muertos qué, esos seguro se mueren para que ganen dinero los amarillistas de la prensa. Así que a callar, que Acapulco bien vale tanto muerto pinche.

Silencio, que están durmiendo, los narcos y las amapolas… No quiero que sepan mis penas, porque si me ven llorando, reirán…

Twitter: @SalCamarena

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