Opinión

Siguen sin aparecer

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Peso dólar (Bloomberg)

Se publicó ayer la inflación al mes de enero, y el efecto del dólar, o de la depreciación del peso, sigue sin aparecer. A pesar de la abundancia de quejas que escucha uno acerca del ajuste de la moneda, y de cómo han subido los precios, la información que publica el Inegi dice lo contrario.

En enero la inflación con respecto al mismo mes de 2015 fue de 2.6 por ciento. Es mayor que la que tuvimos en los últimos meses del año pasado, pero sigue por debajo de la meta del Banco de México, y por debajo de lo que los mexicanos conocimos desde mediados de los años sesenta (se empieza a medir a fines de esa década el índice actual). Pero ese incremento (de 2.1 por ciento en diciembre a 2.6 por ciento en enero) hará exclamar a muchos: ¡Ajá!, ya empezó el traslado de depreciación a inflación.

Bueno, no es así, o al menos no parece serlo. Los bienes y servicios que más subieron de precio durante enero fueron las frutas y hortalizas, con 17 por ciento (anual); el transporte público foráneo, 6.6 por ciento; medicamentos y aparatos médicos, 5.6 por ciento; azúcar, café y refrescos, 4.8 por ciento; otros servicios, 4.4 por ciento; pescados y mariscos, 4.4 por ciento; educación privada, 4.3 por ciento, y artículos de educación, 4.1 por ciento. Todo lo demás tiene un incremento en su precio menor a 4.0 por ciento, es decir, dentro de la banda esperada por el Banco de México, e incluso seguimos teniendo deflación en algunas cosas: gas natural (-0.4 por ciento), electricidad (-3.0 por ciento), telefonía y otros servicios (-3.4 por ciento), y lácteos y huevo, que es más bien huevo (-4.7 por ciento).

Así que a pesar de que el tipo de cambio promedio de enero fue de 18.15 al mayoreo y 18.30 en ventanilla, y eso implica un ajuste de 21 y 20 por ciento, respectivamente, no hay un impacto en precios. La explicación ya la hemos visto: el mismo fenómeno que deprecia al peso hunde los precios de los bienes básicos que se comercian internacionalmente, de forma que el efecto final es prácticamente nulo.

Uno podría argumentar que hay muchas cosas que importamos que no son bienes básicos, sino manufacturados, y esos no bajan de precio.

Bueno, no es tan cierto eso. Puesto que prácticamente todas las monedas se han depreciado a ritmos parecidos, el componente no estadounidense de las importaciones tampoco debería moverse. Así que lo único que puede causar inflación son los precios de los bienes no comerciables de Estados Unidos, es decir, sus salarios. En el dato más reciente que hay de salario mediano para trabajadores de tiempo completo en ese país, el incremento anual es de 3.0 por ciento. El impacto esperable en precios rondaría 1.5 por ciento.

Es decir, sigue sin haber traslado de la depreciación a la inflación. Y puede ser que así siga por un rato, si el fenómeno global sigue siendo el mismo que hemos visto los últimos 18 meses. Pero esto puede cambiar, porque China puede realmente entrar en problemas. En los últimos meses están perdiendo cien mil millones de dólares mensuales de sus reservas. Aunque devaluar su moneda no sería una solución a sus dificultades, es posible que lo hagan. Me refiero a un ajuste mayor. De ocurrir, habrá una volatilidad extraordinaria, y luego vendrán las decisiones: ¿en dónde es mejor producir?, ¿más inversión a China, o ya no?, ¿mejor México?

Esta semana es año nuevo por allá, y no hay operaciones. A partir del lunes creo que tendremos mucho movimiento. Le insisto en que no se angustie de más, no le hace bien.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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