Opinión

Sigue el deterioro del entorno externo para México

 
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ME. ¿Por qué importa el TLCAN?

En las pasadas semanas ha continuado el deterioro del entorno internacional para la economía nacional, ya que prosigue una tendencia en contra del comercio y la inversión entre los países. Por un lado, los gobiernos que han seguido políticas de mayor comercio y en apoyo a la globalización siguen perdiendo en las elecciones de sus respectivos países, como sucedió en Grecia, en Gran Bretaña, en Estados Unidos y el fin de semana pasada en Italia.

Por otro lado cada día es más claro que los ataques previos del presidente electo de Estados Unidos al Tratado de Libre Comercio no sólo eran lemas de campaña, sino que está convencido, al igual que millones de norteamericanos, que éste tiene que ser modificado de una manera drástica, a fin de que México no continúe recibiendo tantos 'beneficios'.

La presión directa que Trump está realizando en las actividades de la empresas norteamericanas para que no inviertan en nuestro país, incluso antes de ser presidente, es un ataque directo al espíritu del TLC de no utilizar medios no arancelarios para afectar el comercio internacional. Por lo mismo, cabe esperar que esta situación siga una vez que asuma la presidencia.

Nuestro país había seguido una estrategia de mayor integración con la mayor economía del mundo en las pasadas dos décadas, en la cual ambas naciones obtenían ventajas, pero hoy una de las partes no lo considera conveniente. Cuando se firmó el tratado en 1994 nuestra economía era una productora y exportadora importante de petróleo, situación que se ha revertido, lo cual reduce de manera drástica nuestro poder de negociación. En este momento México tiene que importar más de la mitad de la gasolina que consume y una parte muy relevante del gas para las empresas.

También 80 por ciento de nuestras exportaciones se canalizan al vecino país del norte, lo que es cercano a 26 por ciento del PIB; mientras que ellos sólo adquieren de México 13 por ciento del total de las importaciones, mismas que representan menos de 2.0 por ciento de su PIB. Es decir, en caso de que se modifique este acuerdo comercial la más afectada sería nuestra economía.

Mientras que en Estados Unidos se está evaluando cómo reducir el comercio y el superávit con México al menor costo para las empresas, aquí se sigue pensando que no habrá cambios fundamentales en el TLC. Sin embargo, a pesar de los costos de la medida y de la magnitud de los ajustes que se tienen que realizar, no se debe descartar la posibilidad de cambiar este tratado o incluso cancelarlo para ser sustituido por otro menos ambicioso en sus objetivos. Nuestro país tiene un elevado superávit comercial con Estados Unidos pero un alto déficit comercial con el resto del mundo, situación que cambiará en los siguientes años, afectando a las empresas de distinta manera.

El seguir la estrategia de que la situación anterior seguirá en el futuro puede ser muy costosa para nuestro país y para las empresas. Por ejemplo, sólo el hecho de iniciar nuevas negociaciones del TLC, que pueden tardar años en culminar, detendrán nuevas inversiones. De hecho, en este momento en varias compañías ya se han suspendido inversiones hasta tener una idea más clara de lo que sucederá con el TLC. Esto se refleja en el estancamiento que tiene la inversión en el país, la cual sólo creció 0.26 por ciento anual en septiembre con respecto al mismo mes de 2015, porcentaje insuficiente para mantener el actual crecimiento económico.

Ante este entorno se requiere que los distintos sectores definan los ajustes que se tienen que realizar, a fin de enfrentar el nuevo entorno que predominará en los siguientes años. Además, tanto en las empresas como en el gobierno hay que evaluar si los distintos funcionarios que tienen cumplen el perfil que se requerirá en las nuevas condiciones o si es necesario hacer los cambios necesarios.

Correo:
 benito.solis@solidea.com.mx

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