Opinión

Siempre habrá fracasos, lo que viene luego es lo que cuenta

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Fracasos (Shutterstock)

Cuando uno invierte en un negocio, no está invirtiendo en sus productos; está invirtiendo en su gente. Cuando un emprendedor se me acerca para consultar sobre iniciar una compañía o invertir en una existente, mi primer instinto es evaluar al emprendedor antes de tomar una decisión sobre el plan.

Si esa persona parece inteligente, juiciosa, activa y apasionada por sus ideas y su industria, es mucho más probable que trabaje con ella. Por supuesto, el siguiente requisito es que el emprendedor tenga un plan de negocios emocionante e innovador que cubra un déficit en un mercado existente o sacuda a un sector agotado que esté maduro para la disrupción.

A principios de 2014, invertí en un negocio para compartir viajes en auto llamado Sidecar después de que tomara parte en una ronda de financiamiento encabezada por Union Square Ventures y Avalon Ventures. Sidecar estaba tomando la iniciativa en la industria de compartir viajes en auto ofreciendo una nueva opción de autos compartidos que permitía a los conductores recoger a varios pasajeros, o una combinación de pasajeros y paquetes, y trasladando los ahorros a los clientes.

Estuve dispuesto a invertir porque me interesaba la economía del compartir, y el compartir los viajes en auto en particular. (También he invertido en Uber y Hailo.) Dada la ubicuidad de los smartphones, pensé hace años que era inevitable que la tecnología se cruzara con las redes de transporte diario y fomentara una economía a demanda más vigorosa. Y lo ha hecho, gracias al éxito de compañías como Sidecar y Uber. Los modelos de negocios de la economía del compartir ahora comprenden todo, desde hoteles hasta artículos electrodomésticos, y millones de personas se han beneficiado.

También disfruté la oportunidad de apoyar a emprendedores a los que respetaba y que estaban haciendo cosas interesantes. Había trabajado con el cofundador de Sidecar Sunil Paul en 2010 cuando lanzamos los Premios Gigaton de la Sala de Guerra contra el Carbono, los cual celebran y promueven a los líderes que sobresalen en sustentabilidad en sus industrias. Como yo creía que había espacio para la competencia en el mercado de compartir viajes en auto, estuve dispuesto a ver lo que Sunil y su equipo podían hacer.

El 30 de diciembre, Sidecar cambió de dirección. Aunque había seguido innovando, el negocio simplemente no estaba creciendo a un ritmo al cual pudiera competir con los líderes del mercado en la industria de compartir viajes en auto. “Hoy es un punto de transición para Sidecar conforme nos preparamos para poner fin a nuestro servicio de viajes y entregas para que podamos trabajar en alternativas estratégicas y echar los cimientos para el próximo gran éxito”, escribieron Sunil y su cofundador, Jahan Khanna, en un mensaje en línea.

Unos días después, el emprendedor y comentarista Om Malik sugirió en The New Yorker que la experiencia de Sidecar representaba un cambio en todo el panorama emprendedor, y que “la mayoría de la competencia en Silicon Valley ahora se encamina a que haya un ganador monopólico”. Om también argumentó que “Google, Facebook y, quizá, Uber son indicadores de algo más grande: en nuestra era conectada, los datos, la infraestructura y los algoritmos dan a las compañías una ventaja distintiva. Con todo el debido respeto a Branson, se trata de que un ganador se quede con todo el mundo”.

Comprendo el punto de vista de Om, pero pienso que la competencia está tan sana como nunca. La nueva economía no necesariamente tiene que conducir a monopolios; por el contrario, puede fomentar la creación de nichos adicionales donde puedan operar más compañías.
Siempre ha habido víctimas en los negocios, conforme las compañías individuales se vuelven líderes importantes en sus mercados mientras otras flaquean. Pero si tuviera que mencionar un rasgo que todos los emprendedores grandiosos tienen en común, sería la capacidad de recuperarse del fracaso. He fracasado más veces de las que puedo recordar, y estoy seguro de que fracasaré muchas, muchas más.

Sin embargo, nunca he dejado que eso me agobie. Las lecciones que aprendo durante los tiempos difíciles hacen posibles los buenos tiempos. Si me hubiera detenido cuando era niño después de que fracasó mi negocio de criar periquitos, nunca habría iniciado la revista Student. Si hubiera renunciado cuando Virgin Atlantic era presionada por British Airways, nuestras tres aerolíneas mundiales no estarían volando hoy.

Aunque el nuevo año es un tiempo para la esperanza sobre el futuro y para hacer nuevos planes, también es un momento grandioso para reflexionar sobre lo que no ha funcionado y cómo mejorar en los meses y años por venir. Con eso en mente, fue grandioso ver que Sunil y el resto del equipo de Sidecar están ansiosos por ponerse de nuevo sus sombreros de pensamiento emprendedor y empezar a planear su próxima fase.

“Este es el final del camino para el servicio de viajes y entregas de Sidecar, pero de ninguna manera es el final de la travesía de la compañía”, escribieron. Me emociona ver qué propondrán ahora.