Opinión

Si se sale EU del NAFTA,
¿seguimos negociando con Trump?

 
1
 

 

Trump

Concedamos razón a quienes afirman que está muerto y que sólo es cuestión de días para que EU notifique a México y Canadá su salida del NAFTA.

Demos por vencida la capacidad de los empresarios de múltiples industrias beneficiadas por su vigencia y de las muchas potencialmente afectadas por su desaparición para evitar la ansiedad de desempeño de un presidente arrebatado que confirma no gozar de la paciencia que exige el reacomodo de intereses complejos de tres países que ya no son los que eran hace 25 años.

Asumamos que los integrantes de los equipos de renegociación (los más muy preparados y dispuestos a agotar el proceso) fracasan en la construcción de expectativas razonables, al punto de haber creado ya la condición ideal para que el equipo de Trump tenga a la mano los argumentos políticos para salirse, sin el menor temor de perder ventajas comerciales regionales.

Si la realidad es esa, el gobierno mexicano ha dicho en público y en privado que se levantará de la mesa de renegociación el día que Donald Trump firme el documento que ordene su salida unilateral de NAFTA. ¿Le creemos a nuestro gobierno? Tengo razones para afirmar que sí. No por un acto de fe, sino por tres razones específicas:

1.- En lo que en Estados Unidos se litigan las capacidades del Ejecutivo para salirse de un Tratado sin el consentimiento de su Congreso y en México se trabaja a nivel macroeconómico para atenuar los efectos del shock temporal, el gobierno federal y las empresas deberán centrar su atención de corto plazo en implementar un portafolio de acciones legislativas para mantener, con actos unilaterales, las mayores condiciones de competitividad de la economía mexicana y su plataforma de exportación.

Con actos y hechos, deberemos convencer al mundo de que la competitividad mexicana se sostiene endógena y estructuralmente y que no es enteramente dependiente del NAFTA. Ese TLC la impulsa, tendremos que decir, pero ya no la sustenta, tendremos que demostrar.

2.- Salvo por los temas prácticos y cotidianos que se seguirán creando por virtud de nuestra inevitable frontera compartida, los tiempos políticos mexicanos generarán nulos incentivos para sostener nuevas conversaciones con la administración Trump. Desde el lado mexicano, la relación se debe enviar a mínimos de convivencia y conveniencia.

De hecho, en tiempos de elección y de transición del Poder Ejecutivo federal mexicano, para cualquiera resultará políticamente más rentable exhibir la hostilidad de Trump y proponer políticas que sean leídas como actos soberanos independientes (reales o simbólicos), que pretender justificar en la opinión pública un nuevo esfuerzo de acuerdo comercial con un sujeto claramente hostil para México.

3.- Para evitar caer en una negociación comercial dañina o subordinada con Estados Unidos, será en el mejor interés de México que se documente la afectación en su competitividad en algunas industrias interrelacionadas con México y Canadá por el NAFTA, así como los sobrecostos que sus consumidores pagarán por no tenerlo.

Sólo hasta que se vea que el déficit comercial en Estados Unidos no se redujo sin NAFTA y cuando algunos indicadores muestren dolor en su economía, se podrán volver a conversar esquemas para construir una mejor región de producción compartida y no vivir una vecindad de naciones con competitividad restringida.

En cualquier negociación no es lo mismo estirar la cuerda o incluso tensarla, que romperla. Así como entre seres humanos puede requerir décadas sobreponer emociones negativas, entre naciones puede tomar generaciones darle la vuelta a la página de capítulos dolorosos para una sociedad.

Es deseable que la renegociación siga su curso. Que la presión por congratular a uno se contenga y que se maximicen los esfuerzos política y diplomáticamente posibles para que prevalezca la lógica y el deseo de hacer bien a tres, que muy a pesar de Trump, seguiremos siendo vecinos. 

* El autor es empresario y conferencista internacional.

Twitter: @mcandianigalaz

También te puede interesar:
Cuatro preguntas para entender mejor por qué vendes lo que sí vendes
Tres graves errores de un conferencista irresponsable con su audiencia
Tras el temblor, tres preguntas inevitables para el director de empresa