Opinión

Si no nos tomamos en serio, nadie más lo hará

 
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Donald Trump. (Reuters)

Para evaluar la magnitud de cambio que vive el mundo, imaginemos un Consejo de Seguridad de la ONU en el cual coexistan Xi Jinping, Vladimir Putin, Theresa May, Marine Le Pen y Donald Trump. Estamos lejos de los liderazgos de Roosevelt o Churchill en Yalta, por decir lo menos. El surgimiento de posiciones nacionalistas, nativistas y proteccionistas tendrá consecuencias no deseables en multitud de ámbitos.

Es temprano para entender el perfil que tendrá la administración de Trump.

Algunos nombramientos dentro de su equipo son preocupantes, otros son más sensatos. A corto plazo, sus planes pueden proveer un poderoso estímulo económico. La fuerte reducción que esperamos en tasas impositivas a nivel tanto corporativo como individual, impulsarán la inversión y el consumo. La inversión propuesta en infraestructura incrementará competitividad. Si bien un incremento en gasto y una reducción en recaudación fiscal preocuparían, es probable que el programa propuesto para repatriar hasta cinco billones (millones de millones) de dólares de utilidades que empresas estadounidenses tienen guardadas en otros países, provocará una recaudación importante de una sola vez, ofreciendo más recursos para potencial inversión local.

Es irónico que Trump tendrá la mejor oportunidad para un presidente estadounidense en décadas. Las expectativas son ínfimas. Es ya tremendamente impopular. Cualquier logro menor va a sorprender. Pero más que eso, tiene el lujo de no deberle nada a nadie. Ganó la presidencia a pesar del Partido Republicano, no gracias a éste. No acumula un lastre de compromisos, como los políticos convencionales.

Trump podría hacer reformas profundas que le resultarían radioactivas a éstos. Urge reducir el pasivo contingente que los diferentes niveles de gobierno acumulan por programas de retiro, medicina social, etcétera. Para compensar por menores tasas impositivas, reducirá las deducciones posibles y podría introducir un IVA federal, lo cual sería impensable para un republicano tradicional. Claro, todo lo anterior asume que él es un hombre inteligente, que aprovechará la oportunidad, se rodeará de expertos sólidos, y que les hará caso. Nada de lo anterior es evidente.

Si bien México se podría ver beneficiado si el crecimiento estadounidense se acelera, la narrativa antiMéxico de Trump limita ese beneficio. No queda claro cómo creceremos en el futuro cercano. Es importante entender que las medidas antes descritas deberían acelerar el alza de tasas de interés en dólares. Ante ese escenario, el dólar debe seguirse fortaleciendo contra otras monedas. Esto hará que Banco de México tenga que subir la tasa de interés en pesos en forma importante.

Esto afectará al consumo, que ha sido fuente importante de crecimiento, y a la inversión local. Sabemos que la inversión extranjera se parará en seco, al menos en lo que definimos qué pasa con el TLCAN. Por primera vez pagaremos más por servicio de deuda que en inversión pública, pero nos dicen que el gasto público bajará. No les creo, pero tampoco aumentará en forma significativa. Y nuestras exportaciones netas quizá mejoren, pero no suficiente.

La presidencia de Trump implica no sólo incertidumbre en cuanto a lo comercial, sino quizá también en temas como el petrolero. Si Trump libera la posibilidad de explotación de reservas en tierra federal (tema impensable con un presidente demócrata), eso acaparará la atención de las grandes petroleras. Cuando menos, veremos que serán internacionalmente más conservadoras, en lo que todo se define.

Un largo periodo de incertidumbre podría ser letal para nuestro crecimiento inmediato, pues coincidirá con el fin de sexenio. Urge que definamos nuestra estrategia para la renegociación comercial que se avecina. Recordemos que sin TLCAN regresaríamos a las reglas de la Organización Mundial de Comercio. El cambio en términos de aranceles no sería tan significativo, y sin duda habría sectores en Estados Unidos que saldrían fuertemente afectados, como el agropecuario. A México le urge aliarse con empresarios en esos sectores, y con gobernadores de los estados más perjudicados. Somos mucho menos importantes de lo que creemos dentro del esquema de lo que ocurre al norte de la frontera.

Necesitamos lograr un equilibrio entre estar listos para negociar junto con aliados, sin necesariamente ser quienes iniciemos la negociación, tomando en forma literal lo que nos ha dicho un demagogo. Démosle espacio para recular.

Pero, más que eso, es indispensable que el gobierno de Peña ponga la casa en orden. Nos hemos quedado sin margen de maniobra en lo fiscal. El ejercicio del gasto público es desastroso. Tomemos en serio el Sistema Nacional Anticorrupción, demostrando que construiremos instituciones reales para forjar un Estado de derecho. Y sí, es indispensable evitar que Raúl Cervantes tenga pase automático para convertirse en fiscal general. Tenemos que llevar la reforma educativa al siguiente nivel. Y tenemos que dejar claro que sí se liberará (en forma inteligente) el precio de las gasolinas, porque no hacerlo presenta un peligro fiscal real.

México tiene que mostrar que con o sin TLCAN es un destino de inversión deseable, una economía pujante y un país que por mérito propio se va a desarrollar.

Twitter: @jorgesuarezv

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