Opinión

Si hay presiones inflacionarias asociadas
a un peso débil

 
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La cooperativa Fruta Horrible ofrece alimentos que los estándares europeos enviarían a la basura. (NYT)

Para muchos ha resultado desconcertante el no observar que el debilitamiento del peso mexicano frente al dólar se haya traducido en presiones inflacionarias a nivel local, tal y como sí lo ha hecho en otros mercados emergentes. La confusión se ha generalizado sin que un análisis con mediana profundidad haya sido la norma para “resolver el misterio”. He aquí la respuesta: sí hay presiones inflacionarias asociadas a la depreciación del peso pero han sido compensadas por otros factores.

La inflación actualmente se ubica en mínimos históricos según lo reportan las cifras del Inegi. De hecho, en septiembre se volvió a registrar un nuevo nivel mínimo en 2.52 por ciento (claramente por debajo del 2.59 por ciento registrado un mes antes). Tal cifra ha sido el resultado de una tendencia de desaceleración en el ritmo de alza en los precios al consumidor en lo que va del año.

Basta recordar que la inflación general anual concluyó 2014 en un nivel de 4.08 por ciento.

Así, en lo que va del año solamente se ha acumulado un 0.64 por ciento de inflación (hasta septiembre), cuando a estas alturas del año se han observado inflaciones acumuladas de en promedio 2.0 por ciento en los previos cinco años.

No obstante, en rubros que intuitivamente creeríamos más relacionados con la dinámica del tipo de cambio peso-dólar, sí observamos una clara tendencia ascendente en lo que va del año. Por ejemplo, el componente de precios de mercancías no alimentos ha acumulado una crecimiento en el año de 2.4 por ciento.

Entonces, ¿qué es lo que no ha permitido que tales presiones inflacionarias se reflejen en el índice general? Básicamente una “alineación de estrellas” que ha compensado tales presiones en lo que va del año. A continuación destaco cuatro elementos que configuran dicha compensación:

Primero, derivado de la reforma fiscal de 2014 y su efecto sobre los precios de algunos bienes, los precios en 2015 han gozado de un ventajoso nivel de comparación anual. Es decir, se parte de una “base alta” de comparación.

Segundo, asociados a las reformas energéticas y de telecom, algunas importantes tarifas han descendido significativamente en el año. Por ejemplo, el rubro de precios de energéticos ha acumulado una variación de -7.30 por ciento en lo que va del año.

Tercero, el comportamiento de los volátiles precios de los bienes agropecuarios ha sido bastante benigno. En específico, el rubro de frutas y verduras ha acumulado una inflación de -2.84 por ciento en el año.

Cuarto, la debilidad económica global ha dado como resultado un entorno de bajos precios de las materias primas a nivel internacional.

Así, la “inflación importada” ha sido especialmente baja.

Una vez dicho esto, y en ausencia de presiones inflacionarias evidentes en otros rubros del INPC, se sigue también que la afectación de la depreciación del peso ha estado muy focalizada y se ha concentrado en efectos de primera ronda.

Esto quiere decir que no hay evidencia de que tal depreciación haya ejercido presiones inflacionarias en rubros no relacionados (en términos de estructura de costos) con el tipo de cambio.

Entonces, no hay evidencia de una afectación generalizada en los precios al consumidor, ni en el proceso de formación de salarios ni mucho menos en las expectativas de inflación de mediano y largo plazos.

Entonces, la conclusión correcta es la siguiente: la depreciación del peso frente al dólar que ya acumula 18 por ciento en los últimos 12 meses (10 por ciento en lo que va del año) sí se ha reflejado en presiones inflacionarias moderadas que muy probablemente se han concentrado en el rubro de mercancías no alimentos (efectos de primera ronda) y no ha manifestado contaminación a rubros no relacionados (efectos de segunda ronda).

Twitter: @joelvirgen

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