Opinión

Si gana Morena…

 
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Así como la transición política del año 2000 se empezó a dibujar cuando el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados en 1997, otra transición podría empezar el 4 de junio si Morena gana la elección del Estado de México.

Dos consecuencias inmediatas de un eventual triunfo de Morena: uno, descontar al PRI como un contendiente en 2018, aunque postule candidato y su logo aparezca en la boleta; y dos, la sensación de inevitabilidad de López Obrador como próximo presidente de México.

Que Morena gane ahí –lo cual parece cada vez más probable– no significa pase automático hacia Los Pinos, pero así sería leído en la opinión pública y en los mercados financieros.

Una consecuencia al interior del PRI –una vez que pase la guerra de acusaciones y culpables– sería la disputa para designar al candidato presidencial. Sin haber ganado su estado natal, muchos grupos cuestionarían que el presidente mantenga esa prerrogativa y propondrían una consulta abierta. Por otra parte, el abandono del barco en hundimiento podría llevar a muchos cuadros a migrar hacia Morena.

Ya está ocurriendo en muchas entidades y podría propulsarse.

De la mano del conflicto interno, el asedio desde Toluca al gobierno federal generaría un enorme desgaste al gabinete. El nuevo gobierno de Delfina Gómez podría difundir, a partir del 15 de septiembre cuando toma posesión, expedientes de presuntos actos de corrupción que se remonten hasta las épocas cuando Peña Nieto era gobernador. Aunque sea con información incompleta o sesgada, la guerra mediática puede ser atroz para el funcionamiento del último año del gobierno federal.

Paralelamente, Morena contará con mayores recursos de todo tipo. El Estado de México ejercerá este año un presupuesto de 260 mil millones de pesos, enorme incluso frente al siguiente peldaño que lo ocupa la Ciudad de México con 181 mil millones de pesos. Si Morena controla esa entidad, los recursos disponibles para fondear la campaña presidencial de 2018 serían enormes. Hasta ahora únicamente son gobierno en cinco delegaciones de la Ciudad de México (presupuesto combinado de nueve mil millones de pesos) y cuentan con las prerrogativas del partido a nivel nacional, que ascienden a 392 millones en 2017.

Asimismo, súmense las alcaldías que puedan ganar en Veracruz.

El mayor beneficio de un triunfo de Morena en el Estado de México sería la sensación de empoderamiento democrático en amplios segmentos de la población. La percepción de que el voto vale para propiciar el cambio. Se trata de un gran acicate para proteger a la democracia electoral –con todos sus defectos– de los grupos radicales o antisistema que han incluso boicoteado elecciones en algunas zonas de Oaxaca y Guerrero. Un triunfo de Morena podría remontar, al menos temporalmente, la confianza en las instituciones políticas del país.

La mayor damnificada de un triunfo de Morena sería la reforma educativa. Si el apoyo de una franja de la sección 36 se corona con un triunfo de Delfina y ésta pospone la aplicación de la reforma educativa en lo concerniente a la evaluación docente y la permanencia laboral, otras secciones del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) que se oponen a la reforma educativa verían redituable apoyar a Morena en 2018. Hace unos días, en Tecámac, Delfina Gómez prometió “todo el apoyo a los maestros” pues, según ella, la forma como se realiza la evaluación docente “raya en la falta de respeto”.

La alternancia en el Estado de México sería un símbolo político de la mayor importancia. Para que sea benéfico como símbolo, debe acompañarse de un uso responsable por parte de ganadores y perdedores la misma noche de la elección, sea quien sea. No hacerlo puede convertir un triunfo de la democracia en una revancha política y contribuir a la polarización del país.

Twitter: @LCUgalde

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