Opinión

Señales

 
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Puente.

Gil leyó con los ojos de plato las noticias rojas de la ciudad de México y se le puso la gallina de carne, o como se diga. En Iztapalapa un cuerpo colgado de un puente, en Tlalnepantla tres ejecutados, en Neza restos humanos en bolsas. Como lo leen y lo oyen. En un hecho del que Gilga no recuerda precedente en la ciudad, refresquen su memoria, un cadáver pendía del puente la Concordia, en el límite entre Iztapalapa y el Estado de México. Al pie de la estructura de concreto se encontró una cartulina con un mensaje a los custodios y a los presos del Reclusorio Norte, informó su periódico Reforma: “Esto les va a pasar a todos los que estén apollando (sic) al ‘Andueza’, El Miraviones, internos y custodios, y sigo cumpliendo”. Andueza, explica la nota, está preso desde 2014.

El cadáver colgaba a más de 25 metros de altura y fue envuelto (ah, una voz pasiva) en vendas, tenía las manos atadas a la espalda y estaba amarrado a una cuerda que colgaba de la barrera de contención.

Gamés no quisiera encontrarse nunca con Andueza, El Miraviones, Dios nos libre. Gilga no quisiera ponerse sentencioso, pero de forma emblemática podría decirse que todo empezó con un cuerpo colgado de un puente. Eso se vio cuando subió el telón el sexenio de Calderón (on-on) y su gabinete de seguridad. No se repita en la ciudad de México la maldita historia, que la boca se le haga chicharrón a Gamés.

En 'Tlalne' y Neza
Para documentar el pesimismo diría el clásico, pero al revés, Gil leyó que en Tlalnepantla se encontraron más de 25 casquillos percutidos (a Gamés le gusta escribir percutido, percutir gran verbo) de arma larga y tres cadáveres de hombres fueron hallados en la colonia Bellavista. Los tres ejecutados presentaban más de cuatro impactos de bala y un tiro en la cabeza. Caracho. Fue una balacera de padre y señor nuestro.

En un basurero debajo de un puente vehicular, un pepenador descubrió seis bolsas y dos costales con restos humanos en la colonia Sol de Nezahualcóyotl. El pepenador confirmó que se trataba de las partes de varias personas: “pude ver por lo menos dos cabezas”. Muy bonito.

Convengamos en que estos crímenes no parecen solamente realizados por hampones vulgares. Más bien parecen acciones del hampa organizada, salvo que pensemos que ahora un ladrón te roba el reloj y la cartera y luego te tortura y te cuelga de un puente, o bien te dispara con un arma larga diez tiros al cuerpo o ya de plano te corta en pedazos.

Dicen los que dicen y saben que hace tiempo los cárteles del narcotráfico trabajan en la ciudad. Si estos crímenes no son señales, huellas del crimen organizado, entonces, ¿qué son? Las ejecuciones de la Narvarte y el asesinato del dueño del restorán Life en la Condesa huelen a lo mismo: narco.

Dancing in the roof
Hay hombres favorecidos por los sueños. En Indianápolis, un hombre le prendió fuego a la casa de su novia y bailó en el techo, feliz de la vida, cuando las llamas devoraban la casa. Después de un pleitazo, el hombre tomó cartas en el asunto y añadió algo de ritmo para bailar. A esto se le llama solucionar de golpe un problema: estoy muy molesto, le prendo fuego a tu casa.

Gamés sabe que hay personas muy sensibles que reaccionan con intensidad emocional a las adversidades. Para estas soluciones se podrían usar también, en algunas ocasiones, explosivos. Algunos profesionales del alma pretenden llamar esquizofrenia a estas conductas; Gilga les llama hechos de congruencia radical. Está usted hasta la coronilla de los desplantes de su jefe en la oficina, ¿qué hace usted?: quemarle la casa. La lección ejemplar: ¿Tienes un problema?, quema la casa.

Pas mal. Al hombre que bailó en el techo de la casa en llamas lo sometieron con balas de goma. ¿Cómo la ven? Sin albur.

La máxima de Amiel espetó en el ático de las frases célebres: “Un error es tanto más peligroso cuanta más cantidad de verdad contenga”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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