Opinión

Señales mixtas en la economía

La economía mexicana está ofreciendo señales mixtas, algunas negativas y otras favorables que, sin embargo, probablemente conduzcan a que en el curso de los próximos días instituciones financieras y consultorías bajen levemente sus expectativas de crecimiento para este año.

En los últimos días hábiles han surgido indicadores que marcan tendencias contrastantes.

Le comentó la más reciente: ayer se dieron a conocer los datos de la balanza comercial a septiembre. Para el noveno mes del año, las exportaciones de manufacturas registraron un repunte de 11.2 por ciento, la tasa anual más alta desde septiembre del año pasado.

Vale destacar que ahora, además del aumento de las ventas automotrices, las otras manufacturas también crecieron fuerte, 11.7 por ciento, lo que significa la tasa más alta desde octubre de 2012.

Por contraste, el viernes pasado el Inegi dio a conocer los datos del IGAE correspondientes a agosto, que mostraron un crecimiento de 1.3 por ciento a tasa anual.

De esta manera, el incremento promedio del IGAE en los dos meses del tercer trimestre que ya conocemos es de 1.9 por ciento y el promedio de ocho meses de 2014 es de 1.8 por ciento.

Con estos datos, como le comentamos, lo más probable es que se revisen a la baja las expectativas del año. Ayer, por ejemplo, Banamex revisó su expectativa y la bajó de 2.6 a 2.4 por ciento.

Sorprendió en el caso del IGAE la debilidad de la actividad de los servicios, pues diversos indicadores del mercado interno parecían ser cada vez más robustos. Pareciera entonces que todavía falta solidez a la tendencia positiva del mercado doméstico.

Tendremos más claridad de cómo cerrará el año la economía probablemente hasta que el 21 de noviembre el Inegi revele el crecimiento del PIB en el tercer trimestre.

Sin embargo, en las perspectivas de largo plazo, como desde hace meses le he comentado en este espacio, la diferencia es poco significativa.

Para el promedio del sexenio es poco relevante si el crecimiento de este año es de 2.4 o de 2.7 por ciento.

Lo que verdaderamente cuenta para el país es que la instrumentación de las reformas dé pie a que haya un flujo de inversiones, locales y foráneas, que aseguren crecimientos de 3.0 a 4.0 por ciento al menos para los siguientes 10 años.

El corto plazo siempre va a estar lleno de movimientos accidentales, de cambios de último momento que no marcan tendencia pero que sí afectan el momento.

Lo relevante es lo que podemos ver al fin de la década.

Para ponerlo claro, si el crecimiento de este año es de 2.4 por ciento pero los de los siguientes años del sexenio promedian 4.0 por ciento, tendremos en esta administración una tasa media de 3.2 por ciento, una de las más altas de los últimos sexenios.

Claro que si la instrumentación de las reformas falla y resulta que el crecimiento es pobre, entonces aunque este año vaya mucho mejor, a la larga tendremos un sexenio pobre.

No podemos ignorar el corto plazo, pero como le hemos insistido por meses, lo determinante es la perspectiva del sexenio completo.

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