Opinión

Seis claves para entender la volatilidad financiera en emergentes

Ahora parece tocarle el turno a los emergentes en el ajuste de sus desequilibrios. La difícil situación de algunas de esas plazas se funda en algo más que la perspectiva de menor liquidez financiera internacional.

De lo anterior también se deriva que la solución de muchas de sus vulnerabilidades no parecen implicar sólo un par de semanas. Aquí seis claves que considero útiles reconocer en el periodo actual para navegar a través de esta nueva etapa en los mercados financieros mundiales.

Primero, el ajuste en valuación de activos financieros en mercados emergentes no es un proceso nuevo. Desde la primavera pasada, las monedas emergentes comenzaron un camino de debilitamiento frente al dólar y sus curvas de rendimientos comenzaron a ganar pendiente (alzas en tasas de mediano y largo plazos).

Segundo, las causales parecen centrarse en dos grandes fenómenos. Por una parte, la internalización de una perspectiva de normalización en las condiciones de liquidez financiera internacional, la cual contribuyó sustancialmente en los últimos años a la entrada de flujos de capital a mercados emergentes, revalorando así sus activos financieros.

En paralelo, los fundamentales macro-financieros de no pocas plazas emergentes han observado un proceso creciente de debilitamiento: bajo crecimiento, alta inflación, amplios déficit públicos y de cuenta corriente, reservas internacionales decrecientes, crisis política, etc.

Tercero, los catalizadores del acentuado debilitamiento de los mercados emergentes observado a partir de finales de enero no parecen ser tan relevantes como las crecientes vulnerabilidades acumuladas en los meses previos. Es decir, magros datos de crecimiento en China, vencimientos próximos, devaluaciones focalizadas (Argentina) parecen ser sólo la punta del iceberg en una problemática estructural compartida por un conjunto amplio de países con mercados emergentes.

Cuarto, las crisis locales parecen guardar un potencial nada despreciable de contaminación regional, inclusive arrastrando mercados que no se encuentran entre los más vulnerables, esto al menos en la vecindad de los repuntes en volatilidad financiera. Así pareció comprobarlo el pronunciado deterioro latinoamericano en el par de sesiones que siguieron a la devaluación argentina hace un par de semanas (México incluido).

Quinto, durante los repuntes de volatilidad, se ha presentado cierta evidencia donde el volumen de transaccionalidad cambiaria suele corresponderse positivamente con el margen de depreciación de la(s) moneda(s) frente al dólar. Es decir, algunas de las monedas más afectadas en el corto plazo suelen ser las más líquidas.

Sexto, al menos hasta este punto, tras los repuntes en aversión al riesgo suele presentarse cierto patrón de discriminación entre plazas. Los mercados en México son buen ejemplo de esto, pues con el paso de los días se han colocado con una lectura neutra en el comparativo internacional, es decir, más en línea con la verdadera situación de sus fundamentales.

Por último, vale la pena mencionar que la afectación a mercados emergentes es un fenómeno en marcha, del cual hay que considerar la posibilidad de surgimiento de círculos viciosos de deterioro, retroalimentados tanto por las mismas vulnerabilidades macrofinancieras como por las fuerzas especulativas.

La resolución de tal situación se antoja poco probable en el corto plazo. A pesar de que las acciones de política monetaria para atemperar la salida de flujos (depreciación cambiaria), en muchos casos se tratan de temas estructurales cuya solución parte desde la represión de importaciones, consolidaciones fiscales y medidas de política más estructurales. Aún con el atajamiento de los focos de vulnerabilidad macro y financiera, sobra decir que el proceso de normalización de la política monetaria en EU es un tema independiente, del cual todavía tenemos mucho que ver.