Opinión

Seguridad nacional y la reforma energética

Es tal la fobia que tiene la clase política de hablar sobre seguridad nacional que en el debate de la reforma energética ha sido el tema huérfano de la discusión. Y no abordarlo es absolutamente una irresponsabilidad, ya que el acceso al petróleo y la electricidad son elementos fundamentales de la seguridad nacional y el futuro del país.

El no poder abordarlo está ligado a una gran confusión alrededor de cómo debatir el tema de seguridad “energética” en un mundo donde ha desvanecido el concepto tradicional: mientras que en México, hasta las recientes reformas, el control total del sector por el Estado mexicano “garantizaba” la seguridad energética del país, en el resto del mundo el concepto de seguridad nacional se transformó debido a la globalización y la transformación del concepto de soberanía.

La realidad es que el sector energético del país se abrirá y esta nueva política tendrá que reflejar consideraciones y preocupaciones que en otros países se han resuelto tomando en cuenta varias consideraciones:

Independencia energética. Empecemos con lo que más preocupa a cualquier país, que es la debilidad resultante de tener una dependencia energética de otras naciones. La triste paradoja es que habiendo tenido absoluto control sobre el sector energético, y siendo el décimo lugar en cuanto a producción de crudo, México ha tenido serias dificultades debido a que su producción de petróleo crudo ha ido en declive en los últimos años. Tan sólo en este año se registró una disminución del 3.0 por ciento en las reservas probadas, convirtiendo a México en un país que se cree pronto podría llegar a importar hasta 200 mil barriles por día a Estados Unidos. Por la incompetencia política y corrupción, lo que debería haber sido fortaleza fundamental de México en su relación política y de seguridad con Estados Unidos y el resto del mundo (el sector energético), convirtió a México en un país que tiene las mismas preocupaciones que Japón, Ucrania y la mayoría de los países centroamericanos y del Caribe. México necesita de nuevo recuperar la fortaleza que le da tener independencia energética.

Acceso en situaciones de emergencia. Todos, pero todos los países del mundo, sin importar que sea una democracia o un sistema autoritario, tienen mecanismos para asegurar que el Estado pueda acceder a petróleo, gas y electricidad en situaciones de extrema emergencia debido a desastres naturales, guerra, inestabilidad nacional o crisis económica. En estas contingencias el Estado tiene que, preferiblemente con legislación que lo respalde, poder controlar precios o accesar sin restricción y si es necesario tomar posesión de las estructuras y productos para salvar la vidas. Esta legislación caería en el ámbito de excepción y sólo podría usarse para proteger vidas o al Estado mexicano y, en casos extremos, a la economía del país.

Protección de la infraestructura. Una vez que el sector privado juegue un papel más activo en la extracción y producción de petróleo y gas, además de la generación de electricidad, lo cierto es que no se puede dejar la protección de la infraestructura crítica sólo en manos del sector privado y el gobierno tendrá que jugar un papel fundamental con inteligencia y protección. Hoy día, cuando debería haber sido fácil este proceso, ya que casi la totalidad de esta infraestructura está en manos del gobierno, lo cierto es que la de Pemex está comprometida por frentes diversos: corrupción interna, actividad del crimen organizado, vandalismo de grupos antisistema. Según datos de la Procuraduría General de la República, el trasiego de diesel y gasolina da ganancias a los cárteles por más de 37.5 millones de dólares al mes, siendo esta actividad su principal fuente de financiamiento como en el caso de Los Zetas y Los Caballeros Templarios. Las investigaciones de la PGR han revelado que los cárteles –a través de empresas fantasmas– venden los productos robados a empresarios estadounidenses y centroamericanos.

Sin contar también que en Pemex el control y monitoreo de gas natural y gas licuado dependen de un sistema automatizado por computadora –SCADA– el cual también podría ser vulnerable si ocurriera un ciberataque. El Estado mexicano tiene que jugar un papel esencial en esta función, papel que hasta la fecha, a pesar de tener la absoluta responsabilidad en esta materia, ha tenido serias deficiencias.

Independencia, emergencias y protección son las palabras claves que tienen que atenderse al debatir la reforma e implementar los mecanismos necesarios para resolver las consideraciones de seguridad nacional y el debate energético.