Opinión
  

Se va Obama

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Barack Obama durante su último discurso del Estado de la Unión. (Reuters)

El pasado martes Barack Obama presentó su último discurso del estado de la Unión, el equivalente a (e inspiración de) lo que era nuestro informe de gobierno. El próximo año, en estas fechas, entregará el puesto al presidente número 45 de Estados Unidos. De hecho, dentro de tres semanas empieza el largo proceso electoral de los vecinos, con el caucus de Iowa, que ya comentaremos.

El mismo martes vi un breve reportaje de El País donde se presentaba lo que algunos estudiosos imaginan que podría ser el párrafo dedicado a Obama en los libros de historia dentro de unas décadas. Me pareció un ejercicio interesante, del que extraigo las principales características que esos estudiosos perciben: la recuperación de la economía después de la Gran Recesión, la gran polarización y el consiguiente bloqueo por parte de los republicanos en el Congreso, y algunos cambios internos, destacadamente la reforma de salud, y temas de derechos como el apoyo al matrimonio de personas del mismo sexo o el uso más libre de la mariguana. Me llama la atención que las opiniones acerca de la postura internacional de Obama sean tan diversas: unos le celebran no haber iniciado más guerras y terminar las anteriores, mientras otros le critican haber disminuido la presencia norteamericana en el mundo.

A mí me parecía Barack Obama una gran promesa, desde inicios de 2008, por su gran capacidad para transmitir, y su discurso conciliador y renovador. Me equivoqué, sin duda, porque más allá de eso había también un político de la escuela de Chicago, agresivo, conflictivo, fajador, como se dice en el box, con una perspectiva internacional absurdamente idealista.

No creo tener queja de la política económica impulsada por el gobierno estadounidense después de la quiebra de Lehmann, el 15 de septiembre de 2008. Tanto lo que hizo Bush en sus últimos meses como lo que le correspondió a la administración de Obama fue, en mi opinión, correcto. Creo que tampoco en Estados Unidos se ha entendido la importancia del cambio tecnológico, y eso ha provocado una política monetaria demasiado laxa, pero nada grave. También me parece que la reforma en cuestión de salud era muy importante en el país vecino, aunque en los detalles me parece que se pudo haber hecho de forma muy diferente.

En donde me parece que Obama ha sido más un problema que una solución es en la política partidista de su país y en la situación internacional. Aunque efectivamente hay republicanos que nunca han aceptado a Obama, y no pocos de ellos por su origen étnico, creo que la gran polarización se le debe mucho al presidente de Estados Unidos. El discurso conciliatorio previo a la elección de 2008 se convirtió en andanada de acusaciones a los republicanos demasiado pronto y de forma demasiado general. Paulatinamente, la grieta entre partidos se fue ensanchando, y el electorado le cobró a Obama esa ruptura en la elección de 2014, cuando perdió todo y se convirtió en el pato cojo que es hoy.

Justo esa debilidad lo llevó a buscar un liderazgo internacional que había despreciado toda su administración, pero lo ha hecho con su mismo sesgo: concentrando en Cuba una atención que no requería, y que se ha extrañado mucho en Medio Oriente, Europa, y los mares de China. Obama recibió un inmerecido Premio Nobel de la Paz por anunciar el fin de las guerras de Irak y Afganistán, fin que se hizo tan mal que ahora las cosas son mucho peores de lo que eran cuando él llegó. En fin, veremos qué es lo que la historia dice, pero creo que no le irá bien.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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