Opinión

¿Se queda sin motores
la economía?

 
1
 

 

ME. ¿Se queda sin motores la economía?

El motor que permitió que la economía creciera hasta ahora, el consumo privado, también ya está empezando a dar muestras de que pierde fuerza. El otro, el exportador, ya hace meses que no jala.

De acuerdo con los datos que ayer dio a conocer el Inegi, el consumo privado en abril cayó 2.2 por ciento respecto a marzo (con cifras desestacionalizadas); se trata del peor retroceso mensual que tiene esta variable desde mayo de 2009.

A tasa anual, el consumo aumentó en sólo 1.2 por ciento, la cifra más baja desde julio de 2014.

Como era previsible, la caída se hace mucho más visible en el consumo de bienes importados. Éstos retrocedieron 6.1 por ciento en abril respecto a marzo. En este caso se trata de la peor variación mensual desde junio de 2009.

Pero tampoco se salvaron los productos locales. El consumo de bienes de origen nacional retrocedió en 2.9 por ciento mensual y el de servicios lo hizo en 0.2 por ciento.

Dicen que una golondrina no hace verano. Pero en realidad ya hay una buena parvada.

Por ejemplo, las cifras de la ANTAD para mayo reflejaron ventas que crecieron sólo 2.9 por ciento anual nominal (a tiendas comparables), lo que implicó un virtual estancamiento real.

En los siguientes días tendremos más datos que nos permitirán una mejor evaluación, pues en contraste con los datos anteriores las ventas de Wal-Mart para junio, cuyas cifras se dieron a conocer ayer, indican una desaceleración mucho menor. Hubo un alza de 6.8 por ciento nominal, lo que equivale aproximadamente a 4.0 por ciento real.

La duda es si se trata de un buen desempeño de ese grupo o si anuncia una recuperación de las ventas a escala general.

Por otra parte, de acuerdo con la encuesta quincenal de Banamex, la expectativa de crecimiento del PIB para este año bajó a 2.30 por ciento desde 2.35 por ciento del mes previo.

Hay que ser claros: no caeremos en una recesión, pero sin duda va a ser difícil que en el segundo semestre se sostengan las tasas de crecimiento que vimos el año pasado o en los primeros meses de este.

Era casi inevitable que esto ocurriera ante el freno del sector industrial, el recorte del gasto público y el encarecimiento de los productos importados por la devaluación de nuestra moneda.

Poco a poco podríamos ver también cómo las cifras de creación de empleo formal se reducen. La más reciente, correspondiente a mayo, tuvo una tasa de 3.76 por ciento anual. Me parece que en algunos meses las veremos por abajo de 3.0 por ciento.

La economía mexicana tiene un entramado complejo y diverso que conduce a que, aun con rezago, sea prácticamente imposible que deje de sentirse en el mercado interno un freno de la manufactura exportadora.

Pero además, hay ingredientes que han propiciado que el propio mercado doméstico desacelere, como la reducción del gasto público.

El mejor de los escenarios, que es tan sólo el menos malo, es salir de esta circunstancia con el menor daño posible, es decir, con crecimiento –así fuera menor– pero sin crisis financiera.

No son populares las decisiones como el alza de tasas o de tarifas, pero es mejor perder puntos en materia de crecimiento que arriesgarse a caer en una crisis financiera, por déficit elevados o por exceso de endeudamiento.

Twitter:
 @E_Q_

También te puede interesar:
Y ahora nos pega el alza del crudo
Signos de un freno inminente
Banxico cortó por lo sano