Opinión

Se necesita un
“golpe de timón”

No hay duda de que nuestro país vive una crisis de confianza muy fuerte. El bajo crecimiento económico -que se ha acentuado en los últimos dos años-, el incremento de la inseguridad cotidiana, el manejo deficiente de los problemas sociales y escándalos de conflicto de interés, así como la reciente depreciación del tipo de cambio, han gestado un desánimo generalizado de la población. Más aún, he notado que la divergencia de opinión entre inversionistas mexicanos (negativa) y extranjeros (positiva) que se observó por varios meses no existe más, sesgándose hacia el pesimismo. La “paciencia” que los inversionistas extranjeros habían tenido en cuanto al momento en el que se verían resultados tangibles de las reformas estructurales, quedó mermada con la crisis de credibilidad que generaron los conflictos de interés.

Esta puede ser una combinación de factores muy desafortunada para nuestro país, que puede abrir espacio para que personajes con orientación populista ganen mayor aprobación de la población. Esto se puede exacerbar con la división profunda que existe al interior de los partidos políticos de oposición hoy en día. En este contexto, la persistencia de la situación actual podría poner en peligro muchos de los logros institucionales que tanto trabajo han costado construir en nuestro país.

Yo no creo que lo mejor para México sea que el presidente renuncie o se resigne a gobernar en las circunstancias actuales. Esta administración ha hecho los cambios más importantes que el país ha podido llevar a cabo en décadas. Sin embargo, también considero que las acciones que tome el gobierno en las próximas semanas serán determinantes para que este gobierno no sea recordado como una administración que no supo manejar la situación, sino como la mejor administración que ha tenido nuestro país en la historia contemporánea, que realmente reflejaría los grandes avances que han podido llevar a cabo. Las fiestas decembrinas y el Año Nuevo no van a hacer que la población o los inversionistas olviden la crisis de credibilidad que México vive hoy en día. Se necesita dar un “golpe de timón”.

¿Cómo darlo? Claramente no hay una receta para esto, pero considero que si la administración actual desea rescatar ese “momento de México”, en mi opinión, deben de llevar a cabo las siguientes cinco acciones:

(1) Reconocer públicamente los errores en términos de conflicto de interés e instrumentar acciones claras en materia de transparencia y rendición de cuentas, para que no vuelvan a ocurrir este tipo de escándalos. Es importante que esto venga acompañado de acciones concretas en donde quede claro que el gobierno sí está dispuesto a llevar a cabo este cambio;

(2) hacer cambios de personal en las secretarías de Estado que no han funcionado adecuadamente, privilegiando la meritocracia y la probidad;

(3) disminuir la participación de funcionarios públicos -particularmente de secretarios de Estado-, en actos protocolarios, para permitir que asignen más tiempo y esfuerzo a las actividades propias de sus ministerios;

(4) tener un acercamiento con la iniciativa privada para abrir un diálogo frecuente, estable y abierto. Este debe incluir a los inversionistas extranjeros tanto en directo, como en cartera. Para estos últimos, sugiero llevar a cabo una serie de visitas (roadshows) frecuentes y estables, en donde se mantengan informados a los principales inversionistas (actuales y potenciales) sobre el avance en la instrumentación de las reformas estructurales, así como de los planes y perspectivas de la economía mexicana;

y (5) modificar cinco aspectos fiscales para promover el regreso de la inversión privada, sin perjudicar los avances que se han tenido con la reforma fiscal en materia de recaudación: (a) volver a instrumentar el esquema de depreciación acelerada en la deducción de inversiones; (b) permitir el registro en el Régimen de Incorporación Fiscal a personas físicas o morales que se encuentran registradas en otros regímenes fiscales; (c) acelerar el regreso de impuestos; (d) hacer un plan de pagos expedito y estable para proveedores del gobierno federal y de empresas productivas del estado; y (e) no hacer modificaciones de las definiciones de finanzas públicas relativas al déficit fiscal, para no generar ningún tipo de sospecha sobre la salud de las finanzas públicas.

Afortunadamente tenemos un país con muchas características positivas. Los fundamentales macroeconómicos todavía se encuentran en niveles muy sanos (ver columna “Paralelismos entre 1968, 1982, 1994 y la actualidad”, 16 de diciembre, 2014) y tenemos una plataforma muy sólida para crecer. Esta administración ya ha probado que tiene todo para realmente “Mover a México” y hoy por hoy darle fin a la crisis de credibilidad.

* El autor es director general de Análisis Económico de Grupo Financiero Banorte. Las opiniones que se expresan en el artículo no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, por lo que son responsabilidad absoluta del autor.

Twitter: @G_Casillas