Opinión

Se multiplican los independientes

 
1
 

 

Manuel Clouthier, expanista y candidato a la presidencia. (Archivo/Cuartoscuro)

Según el segundo Reporte Electoral de Integralia, 30 personas obtuvieron constancia como aspirantes a candidatos independientes a gobernador en 2016, frente a cinco en 2015. Aunque ahora se disputan 12 gubernaturas frente a nueve del año pasado, se trata de un crecimiento significativo, explicado seguramente por el éxito de El Bronco en Nuevo Léon. (Hay además centenas de aspirantes a diputados locales y alcaldes).

Todavía falta que esos aspirantes concluyan la recopilación de firmas (entre 2.0 y 3.0 por ciento del listado nominal a nivel estatal) y que sean validadas por la autoridad electoral, pero la cifra inicial es un salto significativo respecto a 2015. En ese año hubo cinco aspirantes, de los cuales tres fueron candidatos al haber conseguido las firmas y sólo uno ganó. ¿Qué ocurrirá en 2016?

¿Quiénes son los aspirantes? Predominan los políticos de partido y de gobierno, como es natural. Más de la mitad tiene experiencia en partidos, congresos o la administración pública. Para quienes ven en esa cifra algo malo porque consideran que las candidaturas independientes debiesen ser para ciudadanos 'puros', la buena noticia es que hay 12 aspirantes que nunca han tenido experiencia política o de gobierno (algunos vienen del sector empresarial, otros de la academia o de la sociedad civil). Cabe resaltar que en 2015 todos los aspirantes 'independientes' a gobernador eran políticos de partido o de gobierno, incluido obviamente El Bronco.

Con el propósito de evitar que los políticos profesionales coopten las candidaturas independientes y que se desvirtúe su naturaleza, así se argumenta, algunos estados requieren plazos de separación de partidos para ser candidato independiente. Los casos más notables son Chihuahua, Durango e Hidalgo, donde las leyes locales exigen tres años de separación.

¿Sirven de algo estas restricciones? Aunque pueden limitar el oportunismo de políticos profesionales que se disfrazan de piel de cordero, esas restricciones esconden una confusión respecto al significado y naturaleza de las candidaturas independientes. La confusión empieza por el nombre: ¿independiente de qué o de quién?

Si lo es de los políticos, de los empresarios, de los medios y de cualquier poder constituido, el candidato podrá ser muy independiente pero eso lo hace inservible, utópico y fuera de la realidad. Si independiente significa que no es político, mal, porque lo que se requiere son políticos profesionales, no gente sin oficio y conocimiento.

Las candidaturas sin el aval de un partido político (nombre descriptivo y neutral) pueden atraer a políticos innovadores y sin los vicios que se gestan cuando se hace carrera en partidos o burocracias de gobierno. Lo que una democracia requiere son políticos profesionales y honestos por lo que es un sinsentido propugnar porque las candidaturas independientes sean para amateurs o para no políticos.

Hay quienes hacen política desde los partidos y las burocracias de gobierno, pero otros la hacen desde los organismos de la sociedad civil, agrupaciones empresariales, medios de comunicación, universidades, etcétera. Lo que sería muy refrescante es que la llamada vía independiente atraiga a más políticos de una estirpe diferente y que además sean honestos, competentes y profesionales.

Una buena dosis del éxito de los independientes radica en su innovación, lenguaje y emprendimiento. En lugar de hacer campañas tradicionales (mediante estructuras de movilización del voto y pago de cobertura informativa, por ejemplo), un candidato sin partido puede recurrir a las redes sociales, al trabajo voluntario de organismos de la sociedad civil y aprovechar el bono de empatía que se tiene cuando se va en contra del establishment de los partidos.

Por eso no es un impedimento que los independientes reciban menos dinero público que los candidatos de partidos. En realidad, reciben muchísimo menos. Para solventar dicha iniquidad, el Tribunal Electoral ha establecido que los independientes pueden fondearse con dinero privado en mayor proporción que los partidos para así poder gastar hasta el tope de campaña y no estar en una desventaja infranqueable. Pero aun cuando un independiente gaste menos dinero, su ventaja radica en serlo y ello significa que la atracción se genera por otras vías, no sólo la monetaria.

Twitter: @LCUgalde

También te puede interesar:
Corrupción por omisión
Crimen sin castigo
Barbarie de la impunidad