Opinión

Se fue Francisco

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Papa Juárez. (Cuartoscuro)

El miércoles comentamos con usted los primeros días de la visita del Papa, ahora toca revisar la segunda parte, que transcurrió en Chiapas, Morelia y Ciudad Juárez. Nuevamente, por cuestiones de espacio, intento identificar las ideas principales en cada caso, y encuentro que en Chiapas Francisco se concentró en hablar de la familia, en Morelia de los jóvenes, y en Juárez, del trabajo y la migración.

A diferencia de los primeros tres días, en los que la insistencia de Francisco en la igualdad de los seres humanos me parece un tema compartible, en la segunda parte de su viaje el Papa estuvo más cerca de la doctrina católica, lo que hace más difícil incluir a todos. Al referirse a la familia como el eje central de la sociedad, Francisco se opone a los matrimonios de personas del mismo sexo, un tema que ha crecido mucho en los países industrializados, y que incluso en México es parcialmente aceptado. No critico ninguna de las posiciones, pero creo que es importante hacer notar que la flexibilidad de Francisco en los asuntos sociales, entendidos como parte de la vida económica, no existe cuando se entienden desde la perspectiva sexual. En su viaje de regreso criticó duramente el aborto, otro tema de la agenda contemporánea en el que la Iglesia católica tiene una postura inamovible.

En Juárez, frente al “trabajo y capital”, Francisco enarboló la doctrina social cristiana, una propuesta económica que se construyó con base en la encíclica “Rerum Novarum”, del papa León XIII, publicada en 1891. Esa locución latina significa “de las cosas nuevas”, porque en dicho documento se presentan las conclusiones de varios años de trabajo de un grupo comisionado por el Papa para entender la gran transformación económica que se vivía entonces, especialmente desde 1875, y tener una postura eclesiástica al respecto. El carácter medieval de la Iglesia le ha impedido, desde siempre, adoptar el liberalismo, y por lo mismo su reflejo económico, el capitalismo. Pero la esencia materialista del marxismo hace a éste incluso menos aceptable teológicamente. Por eso tuvieron que trabajar varios años buscando una salida, una “tercera vía”, que no es otra que la doctrina social cristiana, en la que capital y trabajo son entendidos como partes orgánicas de un todo, y en ese sentido como corporaciones, similares a las que existieron siglos antes.

El problema que tiene la doctrina es que incluye elementos teológicos que son fundamentales para la Iglesia, pero incompatibles con el funcionamiento del mercado. Ya mencioné el carácter orgánico que la Iglesia asigna a los factores productivos, pero también está la necesidad de un fin (el carácter teleológico), que en el mercado no existe. Creo que es por eso que la Iglesia siente la necesidad de descalificar al mercado con la acusación del consumismo, para la que siempre puede uno encontrar ejemplos. Pero es precisamente el acto de consumir, reflejado en el intercambio en el mercado, el que genera la riqueza que se requiere para poder pagar a los factores productivos. Sin embargo, esa secuencia no puede ser aceptable para quien imagina un proceso inverso: los factores producen, con un fin, que se cumple al consumir. Tal vez parezca una diferencia inane, pero no es así. La Iglesia comparte este error de interpretación con la llamada teoría del valor-trabajo, de la que el marxismo es la versión más conocida.

El mercado, la creación de riqueza, depende de la incertidumbre. Ésta es inaceptable para la Iglesia lo mismo que para el marxismo. Es ahí en donde aflora la premodernidad de ambas doctrinas. Y por eso, creo, las palabras de Francisco en Juárez no tendrán futuro.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter:
@macariomx

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