Opinión

¿Se equivocó el Banxico?

13 febrero 2017 5:0
 
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ME. Pienso que se equivocó Banxico.


El pasado jueves 9 de febrero, tal como lo anticipaban los mercados, la Junta de Gobierno del Banco de México decidió volver a aumentar su tasa de interés objetivo en medio punto porcentual para llevarla a 6.25%, su nivel más alto desde abril de 2009. Este anuncio se dio después de que el INEGI informará que la inflación anualizada en enero de este año fue de 4.72%, su nivel más alto desde 2012.

La razón oficial que dio el Banxico para el incremento en la tasa fue: “con el objeto de evitar contagios al proceso de formación de precios en la economía, anclar las expectativas de inflación y reforzar la contribución de la política monetaria al proceso de convergencia de la inflación a su meta”.

Con este ya se acumulan siete incrementos consecutivos en la tasa objetivo desde que el Banxico inició con su ciclo alcista. El primer aumento se dio en diciembre de 2015 y fue de 0.25 puntos porcentuales; luego en 2016 se dieron cinco aumentos, cada uno de medio punto porcentual, en febrero, junio, septiembre, noviembre y diciembre; y a esto le sumamos el de febrero de 2017 de otro medio porcentual, de manera que en 14 meses la tasa objetivo del Banxico pasó de 3.0% a 6.25 por ciento.

La decisión de haber vuelto a subir la tasa el pasado jueves ha dividido la opinión de los analistas. Para muchos fue un acierto porque pudiera ayudar a frenar la caída del peso y de esa manera se frenan parte de las presiones inflacionarias ocasionadas por el aumento de precios de insumos para la producción importados. Sin embargo, para otros esta decisión fue equivocada ya que no importa qué tanto más suban la tasa de interés en México, porque la suerte del peso depende más de las declaraciones del presidente Donald Trump, las decisiones de política monetaria que tome el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED), y de la evolución de los precios de los bienes y servicios administrados por el gobierno mexicano, como son la electricidad y los combustibles.

El tema de las tasas de interés es muy importante porque efectivamente hacen más atractivo invertir en México, lo que pudiera evitar la fuga de capitales; pero por otra parte, implica mayores costos financieros para las familias, empresas y gobiernos, lo que a su vez provoca menores recursos para el gasto de inversión y consumo, así como menor crecimiento económico.

Es importante recordar que en diciembre de 2015 la Tasa de Interés Interbancaria de Equilibrio (TIIE) a 28 días se ubicaba en torno al 3.35%, mientras que ahora se encuentra en 6.5850%, lo que representa un aumento de casi un 100% en el periodo señalado. Esta evolución es relevante porque la enorme mayoría de los créditos a tasa variable están referenciados precisamente a esta tasa.

De esta manera, hemos visto como la tasa de interés que cobran muchas tarjetas de crédito ha aumentado, y en algunos casos hasta en más de 6 puntos porcentuales, lo cual ocurre en perjuicio de las familias, ya que ahora tendrán que destinar más recursos para pagar sus créditos y tendrán menos dinero para adquirir otros bienes y servicios.

De igual manera, hemos visto como el crédito para las empresas se ha encarecido en los últimos meses, lo que limita las posibilidades de inversión de éstas y por lo tanto su crecimiento. En este contexto, no debería sorprendernos que en los primeros once meses de 2016 la inversión fija bruta total presentó un incremento mensual promedio de apenas 0.4%, siendo que en los primeros once meses de 2015 fue de 4.7%. Si analizamos el detalle de la información vemos que la inversión fija bruta en construcción presenta una caída de 0.1% en los primeros once meses de 2016, mientras que la destinada a maquinaria y equipo apenas creció 1.3% en el mismo periodo.

Es verdad que la inversión depende de otros factores, tales como las expectativas de los empresarios y los ingresos esperados de los proyectos de inversión, pero no podemos ignorar que el alza en las tasas de interés ya ha comenzado a debilitar la evolución de este indicador, el cual es un termómetro respecto de la evolución futura de la economía.

Para el caso del gobierno federal el alza en las tasas de interés también es un problema. En diciembre de 2015 la tasa de los Cetes a 28 días promedió 3.14%, mientras que en enero de 2017 fue de 5.83%, lo que implica un alza de 85.7%. Por su parte, los Cetes a 364 días pasaron de 3.68% en diciembre de 2015 a 6.68% en enero de 2017, lo que representa un aumento de 81.5% en el costo financiero de estos instrumentos.

Este punto es fundamental también porque el Presupuesto de Egresos 2017 fue hecho en base a un supuesto de tasa de interés promedio de 4.9% y en base a esto la Secretaria de Hacienda y Crédito Público presupuestó un pago de intereses sobre la deuda pública de 568.198 miles de millones de pesos (mmdp). Dado lo anterior, y que el supuesto de tasa de interés del gobierno federal estuvo mal desde el principio (seguro sólo para cuadrar sus números aunque a la hora de la hora no se cumplan), es que se espera que el costo financiero para el sector público federal este año sea de aproximadamente unos 700 mmdp.

Esto provocará que el nivel de endeudamiento público de este año sea mayor del que se tiene “autorizado” de 768 mmdp, o bien que se tengan que realizar recortes adicionales al presupuesto de egresos del sector público federal.

A este respecto vale la pena hacer la reflexión de que cuando se presentaron los Criterios Generales de Política Económica (CGPE) 2017, era evidente que la estimación de tasa de interés promedio para 2017 estaba mal (y esto es algo que advertí desde este espacio en un editorial titulado “Un Paquete Económico descuadrado” publicado el 21 de noviembre de 2016), y ahora no cabe duda de que el sector público federal tiene un problema y no cumplirá su meta de déficit fiscal y le agregaran este año otro billón de pesos al saldo de la deuda neta del sector público, la cual ya suma 9.693 billones de pesos al cierre de diciembre de 2016.

¿Pero se sanciona a alguien por no cumplir las metas presupuestales?

La realidad es que no; y de hecho no debemos olvidar que el gasto público total del 2016 excedió lo autorizado por el Presupuesto de Egresos de ese año en 12%, cifra equivalente a 579.884 mmdp, recursos que fueron financiados con deuda pública y esa es parte de la razón por la que ésta creció en 1.2 billones de pesos el año pasado, a pesar de los “recortes” al gasto público que en su momento fueron anunciados con bombo y platillo como un acto de responsabilidad del gobierno federal.

A manera de conclusión podemos señalar que el alza en las tasas de interés mete a familias, empresas y gobierno en problemas por los mayores costos financieros que ocasiona, disminuyendo el consumo y la inversión. ¿Será efectiva esta medida para frenar la inflación? Lo más probable es que no sirva de mucho ya que mientras los combustibles y la electricidad sigan aumentando (por el problema fiscal del gobierno federal), aunque se estabilice el dólar seguiremos con una inflación por encima del 4.5%, y con el problema adicional de un menor crecimiento económico causado por la astringencia monetaria del Banxico.

Ante diversas críticas Carstens ya dijo que han sido “cautelosos” con el alza en tasas, pero todo indica que no ha sido así, y que no les importa frenar el ritmo de crecimiento económico y de creación de empleos, con tal de demostrar que están haciendo su trabajo, aunque los resultados deseados no se alcancen.

Director General GAEAP.

Correo: alejandro@gaeap.com

@alejandrogomezt

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