Opinión

Se descompone la economía mundial

El Fondo Monetario Internacional ha reducido su estimado de crecimiento para Estados Unidos en 2014 de 2.8 por ciento a 2.0 por ciento. Además de las razones climáticas que conocemos y que frenaron en seco a esa economía durante el primer trimestre del año, otro motivo proviene de la baja demanda por exportaciones estadounidenses en el resto del mundo. Prevalece un estimado de crecimiento de 3.0 por ciento para 2015, pero el Fondo prevé que la inflación se mantendrá por debajo de 2.0 por ciento hasta fines de 2017.

La economía mundial está llegando a estados de inmovilidad preocupante. El principal motor que la impulsaba era la economía china. Independientemente del tamaño de ésta, dado que es un país con mil 350 millones de habitantes, el hecho de que la construcción haya sido el principal catalizador impulsó de manera colosal la importación de materiales para la construcción y materias primas, cuyas ventas beneficiaron a muchos países proveedores. En este momento hay 4 mil 800 millones de metros cuadrados de viviendas en construcción y 4 mil 600 millones de metros cuadrados de espacios comerciales a medias.

Los precios de la vivienda han subido a tasas compuestas de 20 por ciento anual durante los últimos 15 años. Hoy, el costo de una vivienda requiere de 10 años de ingreso promedio para ser cubierto. Este es un nivel de precio a ingreso que, por mucho, no tiene precedente en la historia. En Estados Unidos el nivel máximo alcanzado fue de cuatro veces. Asumamos que en China no ocurrirá lo que en Estados Unidos cuando reventó la burbuja. Los dueños de las casas las abandonaban al ver que su valor en el mercado era inferior a la deuda contraída para comprarla.

Las compras de vivienda en China se han hecho pagando 30 por ciento del valor de la propiedad de enganche, es decir, tres años de ingreso promedio. Sin embargo, no habrá quien compre las 50 millones de casas que están por salir al mercado (asumiendo 90 metros cuadrados como superficie promedio). Los desarrolladores, altamente apalancados, no podrán cubrir los créditos que contrajeron para construir y los bancos sufrirán fuertes descalabros.

A diferencia de lo que ocurrió en la crisis de 97 en el sudeste asiático, donde una crisis similar contagió al sistema financiero internacional, ésta se parecerá más a la crisis japonesa de 89, financiada principalmente por un gran acervo de ahorro generado por familias locales. Sin embargo, la negativa japonesa a dejar que quebraran instituciones financieras ocasionó que esa economía prácticamente no creciera durante los siguientes 25 años. China tendrá que decidir qué va a hacer con sus bancos y con la enorme banca paralela desregulada. Una quiebra de ésta se llevará de corbata a muchos ahorradores.

Por lo pronto, la construcción en China se detendrá tanto por la crisis a nivel de desarrolladores privados, como por el hecho de que éstos dejarán de comprar inventario de tierra. En un país sin impuestos prediales, son las ventas de terrenos las que han dado recursos a gobiernos provinciales para construir grandes obras de infraestructura, dignas de aparecer en postales pero poco efectivas para satisfacer necesidades reales.

Muchos mercados emergentes dependientes de exportarle a China enfrentarán problemas. Brasil, por ejemplo, está ya en una clara recesión. Según Arthur Budaghyan, jefe de análisis de mercados emergentes de la prestigiosa firma canadiense BCA, es equivocado hablar de los “Fragile Five” (los cinco mercados emergentes que están en peligro) y habría que hablar de los “Fragile Fifteen”, pues son casi todos, excepto México y Filipinas, en su opinión.

Como he dicho antes, es posible que por años sigamos en un entorno de tasas de interés muy bajas. Hay poca demanda internacional por crédito pues hay capacidad instalada de sobra y los compradores del mundo están muy golpeados. Con bajo crecimiento global, los bancos centrales del mundo seguirán imprimiendo dinero. Al hacerlo, en cierta forma los ahorradores son quienes pierden pues su ahorro se deteriora en términos reales. Hay necesidad de rendimiento y pocos sitios en donde hace sentido estacionar el dinero. México aparece como un oasis en medio de ese desierto.

Pero, es fundamental no sólo pasar pronto y bien reformas, y articular leyes secundarias, sino planear cómo aprovechar la trifecta que nos ofrecen tasas de interés internacionales bajas, alta y ascendente calificación crediticia de México, y un peso potencialmente fortaleciéndose en términos relativos al resto del mundo.

Twitter: @jorgesuarezv