Opinión

Se confunde consenso con democracia

Consenso es, de acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española, el “acuerdo producido por consentimiento entre todos los miembros de un grupo o entre varios grupos”.

Hay que subrayar que el consenso es: entre todos.

El consenso es enemigo de la democracia. La razón es que la base de la democracia es que prevalezca la voluntad de la mayoría. En algunos casos, las reglas exigen una mayoría calificada, que en el Congreso mexicano es de las dos terceras partes, en otros basta con el 50 por ciento más uno, y en otros, con la mayoría a secas, así sea del 35 por ciento.

El problema es que en la política mexicana a veces se nos mete la idea de que las cosas deben salir por consenso.

Hace algunos meses, el gobierno de Enrique Peña entendió perfectamente la diferencia y sacó adelante la reforma fiscal obteniendo la mayoría de los votos en las dos cámaras, a través de una alianza con el PRD. El PAN estuvo en contra.

Luego, se dio la vuelta y logró la mayoría calificada para conseguir la reforma constitucional en materia de energía, sumando los votos del PAN. El PRD votó en contra.

Hubo otras dos reformas constitucionales que, al menos entre las principales fuerzas políticas, sí obtuvieron consenso: la reforma educativa y la de telecomunicaciones.

En el caso de la primera, el consenso se mantuvo. Sin embargo, en la de telecomunicaciones el consenso se perdió.

Gobernar sobre la base de votaciones mayoritarias y no de consensos no es ninguna tragedia. Es la esencia de las democracias.

Si en este cuadro, además, se logra que algunos temas cruciales funcionen mediante consenso, excelente. Pero no es condición necesaria.

Comento lo anterior porque intentar alcanzar consensos sería el camino para el regreso a la parálisis legislativa.

Le tengo dos casos. El más obvio es la reforma energética que ya viene.

Hay que revisar las leyes y garantizar que correspondan a lo que quedó plasmado en la reforma constitucional.

Pero le aseguro que habrá quienes quieran usar la ley secundaria para tratar de impedir lo que la Constitución ya permite. Es decir, se va a tratar de cerrar de facto la puerta a la participación privada.

Si se pretenden consensos, podremos tener un extraordinario texto constitucional pero al final nos vamos a sentar por años a esperar a que se concrete.

El otro ejemplo es lo tocante a las telecomunicaciones.

Más allá de los ajustes que requieran las leyes secundarias en donde no son coincidentes con el texto constitucional, también se debe evitar que los poderes fácticos y virtuales y los que sean, muevan los hilos para tratar de corregirle la plana a lo que la Constitución reformó.

Si el gobierno, el PRI y la mayoría del PAN están a favor de ciertas reglas regulatorias, y tienen mayoría, es francamente una tontería no aprobar las leyes por mayoría.

Ojalá se rectifique.

Gravedad

¿Esperaba Cuarón la respuesta que le dio el presidente? Lo dudo. Quizás su escenario era que se le ignorara olímpicamente.

En medio de desaciertos, una buena en la defensa de las políticas que ha emprendido la actual administración.

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