Opinión

¿Se conformará Ricardo Anaya con un plato de lentejas?

En los últimos días, entre algunos panistas se comenta una analogía en torno a Gustavo Madero: tanto defender el legado de Francisco para acabar dando los pasos de Plutarco.

Gustavo Madero quiere ser el gran jefe del PAN. Se va pero se queda. Se va pero está amarrado su retorno. Se va pero ni suelta el control, ni cambiará nada. El sueño idílico de los déspotas hecho realidad en el instituto que alguna vez fue visto como un templo de la democracia mexicana.

La jugada (ser coordinador de la próxima bancada, construir desde San Lázaro una candidatura presidencial, anular a Margarita Zavala, marginar a Roberto Gil) podría resultarle a Madero, quien hace mucho encontró la forma de derrotar a Felipe Calderón y a los suyos. ¿La más reciente? Varias fuentes mencionan que antes de irse, Madero le dejó claro a Margarita Zavala que no le darán un candidatura plurinominal a San Lázaro. Parece que la exdiputada no está segura de que valga la pena arriesgarse a ser humillada en las urnas el año entrante. Así que, de nueva cuenta, tanto a favor del chihuahuense, que parece que se cobrará una a una las tantas veces fue maltratado por Calderón cuando éste fue presidente de la República.

El problema, sin embargo, es que con su renuncia simulada a la presidencia panista Madero ha desconcertado incluso a algunos de los suyos. La senadora Laura Rojas, por ejemplo, se abstuvo en la votación donde se aprobó la licencia de su jefe político.

Por eso, y a pesar de que crecen las expresiones de preocupación por el grado en que se tensará la vida de Acción Nacional con el maximato maderista (leer a Luis Felipe Bravo Mena “Licencia y Prudencia”, El Universal 3 de octubre), lo único que realmente se le podría atravesar a Madero sería que Ricardo Anaya no se pliegue, (por no escribir “no se ponga de tapete”) a la voluntad del chihuahuense.

Joven con ambición y talento, Anaya está en una encrucijada. Luego de su exitoso paso por la presidencia de la Cámara de Diputados (propios y extraños recuerdan, por ejemplo, su notable discurso ante el embajador estadounidense) el queretano podría quedarse como el perro de las dos tortas: sin la candidatura de su estado y con una presidencia acotada.

Hoy los apoyos los tiene Madero. Los gobernadores Padrés y Moreno Valle no tienen incentivos para un cambio de ruta: cogobiernan con Madero y su camarilla –Larrazábal, Villalobos, los Villarreal– al panismo. En ese esquema, Anaya les resulta un gran activo para el aparador. Aunque ha tenido sus propios escándalos, sobre todo en su terruño, el novel presidente es aún lo que ellos ya no. Además de articulado, es sobretodo presentable ante la opinión pública, cualidad que ya no posee ninguno de los anteriormente mencionados.

Anaya tendrá que tomar pronto una decisión: empeña su carrera y futuro al destino de un grupo que aunque exitoso carece de prestigio, o emerge como una figura independiente, capaz de dejar una huella propia dentro del PAN y fuera del mismo.

Si opta por rendirse, ¿cuál será su plato de lentejas? ¿Una senaduría en 2018? De ser el caso, sería una compensación que no borraría nada del estigma de haber sido un Ortiz Rubio del siglo XXI. O, peor aún, ¿se convertirá en uno más de los señores del Moche?

Veremos cómo resuelve lo que la vida le ha puesto enfrente este precoz, y todavía, prestigiado político.

Twitter: @SalCamarena