Opinión

Se buscan indecisos
e infieles

 
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Voto de indecisos. (Especial)

Ninguno de los partidos políticos registrados en México tiene por sí solo el respaldo suficiente para asegurar un triunfo en las elecciones presidenciales de 2018.

Ninguno de los mencionados hoy como aspirantes a ser candidatos presidenciales (incluido López Obrador) tiene el respaldo suficiente como para asegurar su victoria en los comicios del próximo año.

Por eso, uno de los temas fundamentales que está en todas las estrategias políticas es cómo sumar votantes adicionales a los que respaldan en este momento a cada partido o cada candidato.

Las fórmulas para hacerlo son de dos clases, en vista de que es prácticamente un hecho que está descartada la segunda vuelta.

Una de ellas es la suma de fuerzas políticas. Por eso el gran debate que se está dando en torno a las posibles alianzas, que no es sólo una.

La otra es la búsqueda que hacen los partidos o los candidatos, para atraer a votantes indecisos, que no tienen preferencia en este momento, o a los infieles, a los que hoy se inclinan por un candidato o partido, pero podrían cambiar.

Uno de los factores cruciales en la definición del resultado electoral será precisamente lo que suceda con las alianzas, o con la atracción de otros votantes.

El pasado 13 de junio, sobre la base de las encuestas de salida levantadas por EL FINANCIERO en el Estado de México y Coahuila, le comentamos en este espacio que el llamado voto duro, aquel que respalda a un partido al margen de quién sea su candidato y cómo le vaya en la campaña, se quedó en el Edomex en 15 por ciento para el PRI y 14 por ciento para Morena, mientras que en Coahuila fue de 20 por ciento para el PRI y 17 por ciento para el PAN.

Claramente, el voto de los fieles y seguros, de los seguidores incondicionales, ya no alcanza para ganar.

En el caso de Morena, la posibilidad de que se sumen votantes adicionales depende de que se desfonden los otros partidos de izquierda o que AMLO reduzca sus negativos y logre convencer a más electores de que no es una amenaza, que no es un peligro para México. Su temperamento no le ayuda a ello, según lo hemos visto en sus recientes controversias con comunicadores.

En el caso del PRI, todo indica que no funcionaría un candidato identificado con el priismo más ortodoxo y tradicional. Se requerirían probablemente personajes con una visión más moderna y amplia, por eso la recurrencia de referir como prospectos a personajes como Videgaray, Meade, De la Madrid, Nuño o Narro.

En el caso del PAN y el PRD, los más agudos –como el Jefe Diego– han puesto el dedo en la llaga: un candidato sin partido sería una opción para sumar a las dos fuerzas. Sin embargo, en lo inmediato ninguno de los tres panistas en la contienda parece con disposición a hacerse a un lado. Y Mancera, a pesar de no tener credencial del PRD y ser formalmente independiente, no pareciera tener una perspectiva sencilla para obtener respaldo del PAN.

Pero, en estos tiempos, nada puede descartarse.

Lo que es un hecho es que la elección que viene será diferente a todas las anteriores, y por esa razón, los criterios de selección de los candidatos y las estrategias para atraer electores deberán también ser completamente diferentes.

Nadie ganará en 2018 repartiendo tinacos.

Twitter: @E_Q_

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