Opinión

Se busca fiscal… o no

    
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Gamboa (Cuartoscuro)

Un senador es provisto, por el Senado, valga la obviedad, de los medios que sean necesarios para el desempeño de su función. Incluye medios para transportarse.

No sobra advertir que entre los medios que dispone el Senado de la República para el traslado de sus integrantes no hay, que sepamos, helicópteros, y menos de las Fuerzas Armadas. Que sepamos.

Por ende, y según fotos divulgadas ayer, alguien invitó a un senador a trasladarse en un helicóptero oficial, perteneciente a una dependencia del Poder Ejecutivo, desde una instalación oficial, también a cargo del Ejecutivo, a desconocido destino. Como en las fotografías se ve que cargan palos de golf, se especuló, y luego confirmó, que el jugador, perdón, el senador iría a practicar ese deporte.

¿A dónde iba con ánimo tan jovial (hasta parece un muchachón ese senador)? No lo sabremos nunca. O no lo sabremos si pedimos por transparencia la bitácora correspondiente al día domingo 15 de octubre de 2017 del helicóptero matrícula XC-LNR, del Estado Mayor Presidencial.

La respuesta a esa hipotética solicitud será que por cuestiones de seguridad nacional la información de las aeronaves de la Presidencia de la República está reservada. Así lo pidió Enrique Peña Nieto, y así lo determinó la Suprema Corte de Justicia de la Nación el 3 de abril pasado.

La seguridad nacional, sí, pero la de los cuates de golf del presidente, que incluyen a integrantes de un poder que se supone que funciona, o debe funcionar, entre otras cosas, como contrapeso del Ejecutivo.

Vamos al tema. Si hubiera fiscal –hasta ayer había procurador, pero ya ni eso–, este martes ese hipotético fiscal independiente habría abierto una carpeta de investigación por el uso de una aeronave oficial para un viaje no oficial (que sepamos reflexionar en el golf no es actividad oficial… aún) por parte de un senador de la República.

Quizás ese fiscal independiente terminaría por encontrar que el senador no es culpable más que de su mala educación y peor sentido de la responsabilidad cívica al valerle gorro que una competencia deportiva femenil fuera interrumpida para que él pudiera despegar a sus anchas del Campo Marte. Porque él fue, no lo olvidemos, el invitado. El que pichó el viaje fue otro, bueno el que pichó fue el pueblo, pero el que se lució con la invitación fue otro.

Porque si nuestro hipotético fiscal independiente se tomara en serio, también investigaría en este caso algún probable quebrantamiento de las normas, o falta administrativa, con respecto al uso de la flota aérea del Ejército Mexicano. ¿Quién y con qué justificación dispuso que un helicóptero del Estado Mayor sea taxi dominical de un senador? Naves de las Fuerzas Aéreas al servicio no de los damnificados del temblor en Oaxaca, sino de la llegada a tiempo al green. ¡Guonderful!

Ven qué rápido se muere la posibilidad, que siempre fue hipotética, de tener en estos tiempos un fiscal independiente. Si lo hubiera, el viaje de Gamboa investigaría y, si así ocurriera, la pesquisa a la Presidencia
–forzosamente– conduciría.

Ahora cambien de tema. Piensen no en la 'nimiedad' del raid oficial a Gamboa. Piensen en Odebrecht. Hay pistas de que los sobornos fueron no por 10.5 millones de dólares, como se dijo en diciembre en una corte de Estados Unidos, sino que serían al menos 16.5 millones de verdes (https://goo.gl/jMdvPc). ¿Hay tema verdad? Piensen en un fiscal independiente investigando a priistas, panistas, perredistas y sin partido en Odebrecht. Si una pesquisa verdadera se hiciera, ¿hasta dónde conduciría?

Así que no, no se confundan, despertemos. El gobierno no busca fiscal; bueno, ni procurador siquiera.

Twitter: @SalCamarena

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