Opinión

¿Se acuerda cuando viajar
en autobús era una historia de terror?

Hablando de Halloween, hubo un tiempo en que hacer un viaje en autobús se convertía en una auténtica historia de terror. Los camiones solían ser viejos, en mal estado, incómodos y peligrosos, sin choferes que hubieran recibido mayor capacitación. Todavía recuerdo con horror, siendo niño, estar a la medianoche en un camión descompuesto, con una llanta ponchada y sin refacción, sin luces, en una curva de Mil Cumbres, mientras afuera todo era negro y llovía. Y ahí nos quedamos durante horas, porque el chofer no traía ni herramienta.

Así eran las cosas entonces y no pasaba nada, era lo que había y la gente se acostumbraba. Años más tarde, ya con la cosa un poco mejor, hice un viaje por tierra de la ciudad de México hasta Chihuahua. En ese autobús por lo menos los asientos se reclinaban, lo cual ya era una gran ventaja, pero en esas largas 24 horas me pegué la aburrida de mi vida. Uno dormía, leía o miraba perennemente el paisaje, pero no había más qué hacer.

Eran otros tiempos en los que, además, si durante el trayecto un pasajero escuchaba el llamado de la naturaleza, pues a sufrir, porque había que rogarle al chofer para que se detuviera en la primera gasolinera que encontrara.

Desde entonces y hasta la actualidad el producto y servicio que prestan las líneas de autobuses ha mejorado considerablemente. Hoy se disfruta viajar en autobús, con asientos que se hacen cama, películas con audífonos individuales, baño, internet, unidades en buenas condiciones y operadores con uniforme que inspiran más confianza.
Inclusive, en lo personal me parece una buena opción para, en un viaje de hasta cuatro o cinco horas, dejar el auto en casa y utilizar uno de estos camiones. Así, por ejemplo, un trayecto a Morelia dura lo que me como dos sándwiches, una coca y veo dos películas. Además, por mucho menos dinero que si lo hiciera en avión.

Por su no mala, sino pésima fama (¿recuerdan aquel slogan de “Primero muertos que llegar tarde”, que se le atribuía a los Flecha Roja por sus constantes accidentes ocasionados por el exceso de velocidad de sus escalofriantes choferes?), este segmento del autotransporte fue satanizado históricamente, hasta que aparecieron empresas con nuevas ideas que empujaron a invertir y modernizarse a las que ya existían.

Obviamente, la mejora en el servicio en general permitió cobrar mayores tarifas, por lo que en la actualidad esta industria factura 182 mil millones de pesos al año, cantidad nada despreciable que anima a las empresas a invertir y mejorar para captar más clientes.

Un estudio realizado por Febbo México (compañía dedicada a realizar estudios de mercado), sostiene que las que se llevan la mayor parte son la clásica ADO, Primera Plus, ETN, Ómnibus y Estrella Blanca.

Sin embargo, aquí hay otro negocio: la venta de boletos de la forma más cómoda posible para el cliente y ésta es a través de internet.
Por esto es que Sebastián Gómez (ingeniero industrial y economista), Andrés Sucre (ingeniero de negocios) y Adrián Cuadros (tecnología de la movilidad), crearon Reserbus, que ofrece una plataforma para comprar boletos de autobús a través de dispositivos móviles.

Lo que buscan estos tres empresarios mexicanos es vender una buena parte de los 550 millones de boletos que se generan al año, ya que la carretera sigue siendo en México el principal modo de trasladarse de una ciudad a otra, al abarcar 40 por ciento de todos los viajes que se realizan por cualquier medio, de acuerdo con un estudio dado a conocer ayer por esta compañía.

Hay un dato que muestra la fuerza en volumen de este medio de transporte: entre todas las aerolíneas de México apenas suman una flota de 258 aviones, contra un inventario de 42 mil autobuses.
Aunque el estudio presentado por Reserbus tiene algunos datos discutibles (como que en promedio comprar un boleto en la terminal lleva dos horas), lo interesante es que aquí en un solo sitio se tienen veinte líneas de autobuses, que también llegan a estados, para hacer una reservación y elegir el asiento desde tu casa, sin tener que andar de página en página. No cabe duda que siempre hay oportunidades para hacer negocio, la cosa es no tener miedo y buscarle.

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