Opinión

Sancho Panza de los pobres

La escritora Elena Poniatowska había recibido el Premio Cervantes ante los Reyes y el Presidente de Gobierno de España y repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil meditó: un premio a una periodista y escritora mexicana; correcto, a otra cosa. La lectora y el lector saben que Gil se arrodilla ante la curiosidad. Cuando leyó en su periódico El País este titular de fuste y fusta había pisado la trampa: “La Sancho Panza de los Pobres. La escritora mexicana conmueve con su discurso del Premio Cervantes dedicado a los desfavorecidos”. Y Gamés fue a las páginas interiores. No lo hubiera hecho.

Vestida de indígena, a las puertas del Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares la escritora sonreía y miraba al horizonte. Por desgracia, Gilga no sabría decirles qué clase de vestido llevaba puesto Poniatowska: tzeltal, tzotzil, tojolabal. Sepa la bola. El conocimiento de Gamés acerca de las vestimentas del pasado indígena no va más allá de lo que puede verse en el Baile de los Viejitos y los Voladores de Papantla. Un día, el niño Gamesito bailó con su máscara de viejito, pero nos desviamos del objetivo. Corregir coordenadas en menguante de estribor a nave maestra: EP. Cerv. 2014. Adelante. Estamos en camino.

Revenons a nos moutons. La nota de Winston Manrique Sabogal ha contado sin mácula lo ocurrido durante la ceremonia y citó momentos culminantes del discurso de la escritora. Oigan esto: “soy una Sancho Panza femenina que no puede hablar de molinos porque ya no los hay y en cambio los hace de los andariegos comunes y corrientes que cargan su bolsa del mandado, su pico o su pala(…)”. Gil entonó cual Pepe Jara del amplísimo estudio: yo que fui del amor ave de paso, yo que fui mariposa de mil flores(…) perdona al andariego que hoy te ofrece el corazón”. Va bien Gamés, ¿o se regresa? A Gamés le gusta esta versión de los personajes literarios como la Patita que va al mercado con la bolsa del mandado y rebozo de bolitas. Ah, Cri-Cri, fuente de inspiración inconmensurable de los clásicos.

Sancho Panza, o mejor, Sancha Panzo, en fin, es igual, no vamos a detenernos en naderías. Aquí viene una parte muy fuerte y si hay menores de edad, lo mejor sería que se hicieran acompañar por un adulto para escuchar lo siguiente: “antes de que los Estados Unidos pretendieran tragarse a todo el continente, la resistencia indígena alzó escudos de oro y penachos de plumas de Quetzal y los levantó muy alto cuando las mujeres de Chiapas, antes humilladas y furtivas, declararon en 1994 que querían escoger ellas a su hombre, mirarlo a los ojos, tener los hijos que deseaban y no ser cambiadas por una garrafa de alcohol. Deseaban tener los mismos derechos que los hombres”.

A Gil le va a dar algo. ¿Hay un médico entre ustedes? Gamés ignora si los reyes de España se habrán creído tamaña zarandaja, pero Gilga desde luego no se traga la mentirota. ¿Escudos de oro, penachos de plumas de Quetzal? Y luego por qué nos retratan fuera de México como un amate de colores muy vivos. Van a perdonar: ¿Cuál oro? ¿De qué hablamos? Los indígenas mexicanos viven aún en condiciones muchas veces infrahumanas y sus usos y costumbres son vergonzosos.

Las indígenas de Chiapas no declararon jamás en 1994 que querían escoger a sus hombres. Confundir la realidad y el deseo es el camino más corto para llegar a la mentira, y a la locura. Gamés ignora en qué mundo, en qué universo paralelo, las indígenas de Chiapas “miran a los hombres a los ojos” y tienen sólo los hijos que ellas desean tener. Caracho. ¿Qué nos está pasando, Laureada? El alzamiento zapatista de 1994 y de su líder criollo el subcomediante Marcos no le trajeron una vida mejor a los indígenas y las indígenas de Chiapas (gran corrección política). Esta fue una de las mentiras que Elena Poniatowska fue a decir a España. En fon, la escritora está en su derecho de hablar y decir lo que le venga en gana, nomás faltaba, incluso mentiras colosales.

A lo importante: los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras los camareros acercan las bandejas que soportan el Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular en el mantel la máxima de Abraham Lincoln: “La demagogia es la capacidad de vestir las ideas menores con las palabras mayores”.

Gil s’en va

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