Opinión

San Miguel de Allende, un destino contradictorio

 
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San Miguel de Allende. (www.unionguanajuato.mx)

En octubre de 2013, San Miguel de Allende recibió un reconocimiento prácticamente inesperado: la revista especializada en viajes, Conde Nast Traveler la catalogó como la ciudad número uno del mundo.

Aunque las autoridades guanajuatenses trataron de difundir lo más posible este nombramiento, me quedé con la impresión de que en realidad no lo aprovecharon lo suficiente, porque no es lo mismo recibir uno de las decenas de premios que en el ambiente turístico se otorgan –la mayoría de los cuales son muy cuestionables–, a que Conde Nast, una de las principales revistas del segmento a nivel mundial, diga que tú ciudad es la mejor para visitar en el mundo.

Con una calificación de 84.6 puntos –logrado con los votos de los lectores de la publicación–, San Miguel de Allende derrotó a grandes destinos turísticos como París, San Sebastián, Florencia y Viena.

San Miguel es un sitio turísticamente contradictorio: es un gran producto turístico, tiene excelente hotelería, una enorme oferta gastronómica con todo tipo de restaurantes, cultura, intensa vida nocturna, arquitectura, ambiente, es cosmopolita y un largo etcétera. Sin embargo, sus autoridades no logran que sea un éxito entre semana, por lo que mayoritariamente ha sido y es un destino de fin de semana.

Su alcalde, Ricardo Villarreal, afirma que el crecimiento turístico de San Miguel tiene que ser ordenado y moderado, por lo que sólo aceptan hoteles de alto nivel, y es que “tenemos que escoger qué tipo de gente queremos en nuestro destino”. Es decir, quieren seguir siendo un destino boutique, exclusivo y aspiracional.

Lo anterior parece muy pretenciosos, cuando ni siquiera han logrado un promedio aceptable de ocupación hotelera con un inventario de apenas dos mil 200 habitaciones en 134 hoteles (en Cancún hay hoteles que tienen más cuartos que estos y regularmente están llenos).

Los números son muy claros: en 2014 su promedio de ocupación fue de únicamente 38 por ciento, el cual subió a 42 por ciento al siguiente año, pero sigue siendo bajo. Pero, lo que resulta más increíble es que, teniendo todo lo que tiene esta ciudad, el promedio de estadía de sus turistas es de una noche y media. Es decir, los turistas no pernoctan ni siquiera dos noches.

No obstante, hay casos de éxito específicos en el lugar, como el hotel Rosewood, considerado el mejor de la plaza.

A nivel mundial, el consumidor asocia esta marca a la hotelería de lujo y lo es. Tienen propiedades por todas partes del mundo, pero en México han sido muy cuidadosos: llegaron hasta 1997, cuando abrieron su primera propiedad aquí, y fue en Los Cabos, con un hotel ya famoso llamado Las Ventanas al Paraíso, que bajo la batuta de Edward Steiner –hoy ya fallecido–, en muy poco tiempo arrasó en la plaza para posicionarse como el número uno no sólo de ahí, sino de todo el país.

Los Cabos es uno de los destinos de turismo premium de México. Y cinco años después le echaron el ojo a otro de los micro destinos de turismo de alto nivel de gasto, que es Punta Mita, en la Riviera Nayarit.

En agosto de 2002 la empresa hizo el anuncio y, aunque no dio a conocer cuál sería el nombre de la propiedad, en realidad se trataba de La Solana, un proyecto que, finalmente, no se llevaría a cabo.

Fue hasta principios de 2008 –once años después de la inauguración de Las Ventanas–, que abrieron su segunda propiedad en nuestro país, está vez en otro de los destinos de lujo: la Riviera Maya, dentro del conjunto de Mayakoba.

Los Cabos, Punta Mita y Riviera Maya son los gigantes del segmento de turismo premium y era lógico que una marca del nivel de Rosewood quisiera tener presencia en ellos, pero para muchos fue una gran sorpresa que su tercera propiedad apareciera en un pequeño poblado del estado de Guanajuato. Fue en febrero de 2011 que abrió el Rosewood San Miguel de Allende, reimpulsando con su solo nombre al destino. De ese hablaremos el próximo miércoles.

Correo: garmenta@elfinanciero.com.mx

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