Maquiavelo y la campaña
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Maquiavelo y la campaña

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Maquiavelo y la campaña

07/05/2018
Actualización 07/05/2018 - 13:32

Han pasado varios siglos y la mecánica para hacerse del poder o permanecer en él sigue siendo en esencia la misma que el secretario Florentino desentrañó.

Y es que Maquiavelo nunca escribió que “el fin justifica los medios”, consigna que sus detractores han tratado de mantener para vulgarizar que El Príncipe es sólo un manual para dar consejos para hacerse del poder y hacerse tiranos, y con ello minimizar y hasta tratar de vulgarizar la obra política del hombre de acción y pensador político más importante del Renacimiento. El mérito histórico de Maquiavelo fue haber separado la moral de la política, hacer una ruptura con el pensamiento medieval y separarse del humanismo de la época y convertir a ésta en ciencia de los hombres.

Sin duda en esta campaña los grandes temas son la corrupción y la impunidad, y es el hartazgo y la rabia social lo que va definiendo la dinámica de la misma, pues como bien decía Maquiavelo, “… es tanta la ambición de los grandes que si no es abatida por varias vías y procedimientos pronto conduce a una ciudad (país) a las ruinas”.

Hay candidatos que representan justo la continuidad del modelo económico y las consecuencias sociales y antropológicas que de él han derivado y olvidan que “los hombres alaban siempre con razón los tiempos antiguos y critican los presentes” y ofrecen mejorar ahora sí, pero “se puede recordar a todos los poderosos que nunca las antiguas injurias puedan borrarlas por los nuevos beneficios, sobre todo si el beneficio recibido es mejor de lo que fue la injuria”, y así lo han ido expresando los grupos de la sociedad civil víctimas de las desapariciones, los asesinatos, los secuestros o las violaciones de los derechos humanos, los desempleados, los que la pobreza los alcanza, frente a candidatos que de manera simplona ofrecen acabar con la pobreza desde el día en que se nace, “(…) y quien crea que los nuevos beneficios hacen olvidar a grandes hombres las viejas ofensas se equivoca”.

Se habla de que lo que está en disputa es la visión que se tiene sobre el desarrollo y se debe de tener en cuenta en sus consecuencias políticas que “... todo innovador tiene como enemigos a cuantos el viejo orden beneficia y como tibios defensores a aquellos a los que las nuevas leyes beneficiarían”.

Casi a diario nos amanecemos con encuestas que son a la vez instrumentos de propaganda, pero se aclara que no son predicciones, ya que como señalaba Maquiavelo “(…) la naturaleza de los pueblos es voluble y es fácil convencerles de algo pero difícil mantenerlos convencidos.”

En la lucha por el poder no caben los 'ternuritas' ya que señalaba Maquiavelo: “un hombre que quiere en todo hacer profesión de bueno, fracasará necesariamente entre tantos que no lo son. De donde le es necesario al príncipe (candidato) que quiere seguir siéndolo (o aspirar) aprender a poder no ser bueno y utilizar o no este conocimiento según lo necesite”, en virtud de que “lo hace despreciable el ser considerado voluble, frívolo, afeminado, pusilánime, irresoluto: de todo eso ha de guardarse un príncipe”, o quien aspire a ello.

Con relación a los empresarios no olviden que “un príncipe ha de estimar a los nobles pero no ha de hacerse odiar por el pueblo”, y a quienes hoy desde lo alto no entienden el porqué del hartazgo y rabia social actual, se les recuerda que “sepan pues los príncipes que empiezan a perder la corona en el mismo instante en que comienzan a transgredir las leyes y las normas antiguas, bajo las cuales han vivido los hombres a lo largo del tiempo”.

Vale y mucho, pues, la oportunidad en esta campaña de releer la obra del florentino que nació un día 3 de mayo de 1469 en Florencia, Italia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.