Opinión

Salarios y TLCAN, un nudo gordiano

 
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TLCAN

La masa salarial -la parte del PIB que corresponde a las remuneraciones al trabajo- es el indicador que mejor expresa el nivel económico, social y político de un país. Como todo es relativo, hay que comprarlo con otro, que es la proporción del PIB que retribuye las actividades productivas empresariales.
 
Resulta que la relación entre esas dos medidas del desarrollo, en México la tenemos al revés de las proporciones que tienen los países con menores desigualdades, mayor crecimiento de inversiones y riqueza, mejor calidad empleo y una democracia eficaz.

En números redondos, a los salarios en México les corresponde menos de la tercera parte del PIB y al excedente empresarial algo más del 60 por ciento. En Estados Unidos y Europa, 60 por ciento del PIB es para los asalariados y el resto para las empresas y el gobierno.

Los sindicatos de EUA exigen que en la revisión del TLCAN se incluya la convergencia salarial entre los tres países; lo que eso implicaría en cambios económicos, sociales y políticos en México es todo un nudo gordiano.

Para desatarlo, la difusión de tecnología en favor de la productividad podría ser un primer paso, pero no puede darse a voluntad ni en abstracto, sólo en respuesta a condiciones de mercado masivas como las que representan las clases medias. Resulta que la condición ineludible para que esas clases llegaran a representar la mayoría de la población, como en los países “ricos”, es una distribución del ingreso equitativa (60/30 en favor de los salarios) que no se logra por la graciosa voluntad de nadie, sino por efecto de una democracia real; es decir, sin libertades que permitan desde la elección de auténticos líderes sindicales hasta la de legisladores verdaderamente representantes de la sociedad, no hay distribución equitativa de los ingresos.

La realidad de nuestro país es de sobra conocida; resaltan las bajas inversiones empresariales en competitividad, el dominio de grandes oligopolios en sectores estratégicos como el financiero, a cargo de bancos extranjeros que erosionan los márgenes de utilidad del resto de las empresas; dependencia del mercado externo y finalmente, aunque es primordial, contención salarial a pesar de la cual, no hay huelgas de sindicatos en el país desde hace más de una década.

Un tipo de acciones que podría emprender el régimen para detonar varias soluciones que mejorarían la situación general del país, son las anti oligopólicas con el fin de reducir, por ejemplo, los costos financieros de la producción y del consumo que reducen los márgenes de utilidad de las empresas y las capacidades del mercado interno.

Lo otro es seguir tratando de acomodarse a los términos con que EUA obliga a la renegociación del TLCAN (favorables, sin duda, al dominio oligopólico de sus empresas en nuestra economía), con tal de salvar la idea salinista de hace 30 años de que a México no le queda más camino que la plena integración con EUA; Peña Nieto y Videgaray van en esa línea dispuestos a pagar cualquier costo.

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