Opinión

Salarios reales

Luis Foncerrada

Opinar y proponer sobre los salarios, con responsabilidad, requiere entender, al menos, la naturaleza y extensión de la informalidad, la verdadera tasa de desocupación, el papel de las expectativas y la característica de México como productor y exportador de manufacturas. El riesgo de no hacerlo, es plantear propuestas que deterioren más el poder adquisitivo de gran parte de nuestra población.

1. La verdadera tasa de desocupación en nuestro país es de 5.0 por ciento del desempleo abierto más 8.0 por ciento del subempleo: 13 por ciento. Más de seis millones de personas buscando empleo y cada mes hay 80 o 90 mil jóvenes más. La presión se acumula en el sector informal donde no hay reglas ni salario mínimo. Se paga desde menos de un salario y se trabaja de una a doce horas o más. Las remuneraciones son determinadas por la necesidad, por la búsqueda de empleo de miles que presionan la remuneración a la baja. No es sorprendente que en los últimos siete años hayan desaparecido más de tres millones de empleos con salarios superiores a tres salarios mínimos y que los nuevos empleos sean de menos de tres. No hay afiliación al IMSS, ni ahorro para el retiro, ni Infonavit. No hay reparto de utilidades. La inmensa mayoría están en actividades familiares y de sobrevivencia.

Con 60 por ciento de los trabajadores y aumentando, el sector informal aporta apenas 25 por ciento del PIB. Poco capital por trabajador. Poca productividad. El acervo de capital, la inversión en el país, no crece al ritmo de esta oferta de trabajo y la válvula de escape por años, la frontera del norte, está cerrada.

¿Incrementar el salario mínimo va a llevar a más empleo y a mejorar las remuneraciones reales? Sería ideal que una decisión tan sencilla lo resolviera. No habría pobreza.

2. En el sector formal, 40 por ciento de los trabajadores aporta 75 por ciento del PIB. Hay mucho más capital por trabajador y mucho más productividad. Los trabajadores reciben de cuatro a diez veces el salario mínimo y el equivalente a 40 o 60 por ciento adicional por los pagos que realizan los patrones al IMSS, Infonavit y SAR. Reciben aguinaldos, bonos, tienen vacaciones y anualmente  10 por ciento de las utilidades de la empresa. Esto lo permite el mayor capital y producto por trabajador.

3. El llamado efecto faro no puede darse en México. ¿Al subir el salario mínimo se hará más atractivo el sector formal y bajará el desempleo en la informalidad? ¿Sin más capital? ¿Quién, por qué los va a contratar? Es difícil de entender esta lógica. Además, las remuneraciones media y mínima, en el sector formal, ya son varias veces el salario mínimo. Miles de jóvenes incrementan, además, la oferta de trabajo en el sector informal diariamente.

4. ¿Por qué en Brasil y en Uruguay hubo un incremento del salario real? ¿Fue permanente o temporal? Hay que tener presente las diferencias con México.

Un elemento determinante fue la ganancia extraordinaria que tuvo Brasil en los años de Lula. Casi 70 por ciento de sus exportaciones eran alimentos, aceites y minerales, y los precios de todos estos commodities, en promedio, se triplicaron. En parte por el alto crecimiento de China, su principal cliente. Este excedente caído del cielo, que compartió Uruguay, se pudo distribuir entre los trabajadores. La desocupación era inferior a la de México y había cierto retraso de los salarios con respecto a incrementos en la productividad.

Hoy se acabó la brecha entre productividad y salarios, la demanda china se redujo, la proporción de sus manufacturas en las exportaciones creció y ahora los incrementos al salario se ajustan sólo por el aumento de precios, es claro que las expectativas ya impactan en inflación. Se acabaron los márgenes de Brasil. México no los tiene.

México es un país manufacturero y nuestros ingresos ya no dependen, como en Brasil, de los precios de commodities, nuestras manufacturas explican más de 80 por ciento de nuestras exportaciones. No puede haber un windfall que distribuir por manufacturas. Exportamos por competitividad y productividad.

5. Las propuestas pueden olvidar el papel de las expectativas. Instalar previsiones al alza es una profecía de precios crecientes que se cumple. Se proponen incrementos anuales que serán leídos como aumentos en costos. Así se instalan expectativas ascendentes y se cumple la profecía: aumentan los salarios y los precios. Todo Lo contrario de lo que se pretende.

Busquemos mejorar el salario real, seriamente. Y éste depende de generar mucho más empleo, de tal manera que logremos parar la presión a la baja en los salarios, revertirla y lograr un salario real digno. Generar más empleos requiere más fierros, inversión tanto pública como privada. Infraestructura y más industria. Las políticas públicas locales y federales no deberían tener más que esa prioridad y ese objetivo.

Cualquier otro argumento raya en populismo, en oportunismo electoral. No engañemos a nuestros trabajadores, busquemos bienestar real, no ilusiones. Requerimos más capital por trabajador para mejorar el salario real.

* Director General del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado.

Twitter: @foncerrada