Opinión

Salario mínimo, salario de hambre

El salario mínimo se ha puesto sobre la mesa de los debates, impulsado, de manera particular, pero no exclusiva, por Miguel Ángel Mancera, Jefe de Gobierno del Distrito Federal. ¡Qué bueno! El tema es trascendental, sin duda, y debe abarcar, para que tenga lógica, las causas y no sólo las consecuencias de esta discusión.

Pero veamos antes algunos datos duros e información trascendente sobre este tema: Nuestra Constitución, en su artículo 123 apartado VI, señala que los salarios mínimos…deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer la educación obligatoria de los hijos; en palabras del Jefe de Gobierno del DF, en los últimos 40 años el poder de compra del salario mínimo en la Ciudad de México has sufrido una erosión equivalente al 77%; por su parte, Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, indica que México es el único país de América Latina donde al final de la década 2002-2011 el salario mínimo es inferior al umbral de la pobreza; según cifras de INEGI, al tercer trimestre de 2013 el 14.7% de la población percibía hasta un salario mínimo; por otra parte, la información pública señala que el 56% de la población laboral recibe tres salarios mínimos o menos por su trabajo; finalmente, resaltamos el hecho de que México ocupa el antepenúltimo lugar entre los países de América Latina en lo que toca al crecimiento de los salarios reales.

No cabe duda que la precarización del trabajo es una de las causas estructurales del problema de la pobreza.

Lo hemos señalado en ocasiones anteriores y ahora somos reiterativos: La falta de productividad de la mayoría de las micro, pequeñas y algunas medianas empresas, son la causa fundamental de esos salarios indignos, contrarios a la ética elemental que debiera auto exigirse el mundo empresarial. Salarios de hambre con los que tiene que subsistir el trabajador y su familia.

Bienvenido el debate sobre este tema que tiene muchas aristas: el aumento por decreto del salario mínimo ocasionaría, sin duda, el cierre de un buen número de micro y pequeñas empresas que no soportarían la carga económica adicional que esto ocasionaría. Por otra parte, resulta obligado reflexionar sobre el impacto que esto tendría sobre multas, prerrogativas de partidos políticos, cobros de servicios bancarios y otros, cuya base para su cobro es precisamente el salario mínimo en vigor, lo cual en nuestra opinión es inadecuado y debe modificarse. La inflación, a su vez, estaría al acecho de una medida de esta naturaleza, como desafortunadamente lo experimentamos cuando en forma por demás imprudente el Presidente en turno, José López Portillo, ordenó un aumento generalizado del 10, 20 y 30 porciento que causó estragos en la economía. Echar mano a la consulta popular es demagogia pura que puede conducir a una decisión populista con todo el riesgo que esto implica. La decisión, pues, no es sencilla. Pero exploremos vías de solución:

1.- Estar consciente que la pésima calidad de la educación, aunada al insuficiente número de años que cursa una parte significativa de la población, es, quizás, la raíz de la improductividad que hemos expuesto. Cursos de capacitación intensos tanto para pequeños empresarios como para sus trabajadores, serían una valiosa aportación a la solución de este problema.

2.- Facilitar tanto los trámites de apertura como los necesarios para la buena marcha de las llamadas mipymes. Trámites que no sean, como hasta ahora, un obstáculo para el desenvolvimiento sano de la empresa.

3.- Promover la integración de la economía informal a la formal, facilitando los trámites para lograrlo y destacando y haciendo reales los beneficios de estar en esta última así como los riesgos de estar en la primera.

4.-
Tomar en cuenta y analizar a fondo medidas audaces como las propuestas por Santiago Levy, economista en jefe del BID, para el desarrollo de nuestra economía y su impacto en las empresas . Las hemos tratado en artículos anteriores, pero las autoridades deben estudiarlas con cuidado y tomar una posición al respecto. No bastan aspirinas para atender enfermedades graves, es necesario la medicina que erradique la enfermedad.

5.- Atención particular a las micro, pequeñas y medianas empresas -que son la inmensa mayoría de las empresas mexicanas- por parte de los sectores público y privado, en busca de un mayor valor agregado a sus operaciones que impulse un aumento significativo de su productividad y con ello la exigencia ética y legal de pagar sueldos dignos, sueldos que a su vez se transformen en un motor para el desarrollo de nuestra economía al potenciar significativamente su capacidad de consumo. Un aumento moderado y paulatino del salario mínimo hasta alcanzar una meta prevista y negociada entre los sectores laboral y empresarial, sería lo conveniente.

Con estas medidas, México sería otro. Todos seríamos ganadores.

Presidente de Sociedad en Movimiento.

Correo:alberto.nunez33@gmail.com

(Ciertos datos duros así como algunas aseveraciones, han sido tomadas del boletín semanal de Semanario Político)