Opinión

¿Sabrá el PAN qué hacer con la victoria?

 
1
 

 

 [Si los Congresos locales no avalan las modificaciones constitucionales, no podemos comenzar, dice el PAN / Cuartoscuro]

Si la democracia es la capacidad de castigar a los malos gobiernos sacándolos del poder, como dijo Karl Popper, las elecciones del domingo fueron un exitoso ejercicio democrático. El evidente perdedor en las elecciones fue el PRI. El PAN fue el claro ganador. Está por verse si lograrán demostrar que lo merecen.

Las campañas electorales fueron el epítome de la suciedad y demostraron la disposición de todos los partidos para incurrir en las peores prácticas en aras de ganar. De no corregir el rumbo, tanta podredumbre provocará un impredecible desencanto entre los electores en 2018, particularmente entre los más jóvenes. En forma sorprendente, sin embargo, los resultados del domingo permiten optimismo moderado.

Hay muchas conclusiones que serían extrapolables a 2018. La participación fue alta, fuera de la Ciudad de México donde los capitalinos rechazaron la absurda votación de la Asamblea Constituyente de Mancera, los ciudadanos están dispuestos a salir a votar. Claramente, el electorado está harto de corrupción, impunidad y violencia. A la gente no se le ha olvidado la 'casa blanca', y no, nadie se tragó a Virgilio Andrade, un personaje de caricatura que ofende. La imagen del PRI solapando a gobernadores flagrantemente corruptos, como Duarte en Veracruz y Borge en Quintana Roo, desembocó en derrotas apabullantes, independientemente de los cuantiosos recursos estatales y tretas electoreras que apoyaron a candidatos oficialistas. En Oaxaca, donde tanta pobreza duele, la estructura local casi feudal dio muestras de ser, todavía, vergonzosamente imbatible. En Puebla el PAN se mostró igualmente capaz de prácticas reprobables.

En mi opinión, Morena fue el otro perdedor. No podrán contar con la jugosa caja de Veracruz para financiar la campaña de AMLO, y ni siquiera con la de Zacatecas. El aumento en el apoyo a Morena se concentró en Veracruz, Oaxaca y Zacatecas. No veo cómo puedan volverse una fuerza nacional, máxime que los jóvenes tienden a no comprar la retórica populista del tabasqueño. Pero, no hay que echar campanas al vuelo.

Al PAN le corresponde, ahora, demostrar que sabe qué hacer con una victoria.

Tienen que hacer acuse de recibo del mensaje. Manteniéndose estrictamente dentro de la ley, deben lanzarse con todo contra Duarte y Borge, de entrada.

Tienen mucha tela de dónde cortar en ambos casos. De las corruptelas de Duarte se ha escrito mucho, las de Borge son quizá aún más graves y flagrantes. Ha desarrollado un nefasto esquema multimillonario para enajenar propiedades y sacar recursos cuantiosos a partir de demandas laborales ficticias. Es imperdonable el daño que le ha causado a empresarios y a inversionistas mexicanos y extranjeros en su estado.

Este tipo de prácticas pone por los suelos la reputación de México.

Si quieren volverse una alternativa creíble, sería recomendable que los panistas mismos se lanzaran también contra Padrés, uno de los suyos.

Demuestren que tienen la convicción de luchar contra la corrupción, independiente de la filiación partidista del corrupto. Evidentemente, de paso, les urge quitarse de tonterías y apoyar con todo una Ley Anticorrupción real y con dientes. Si el PAN hace eso, recuperará Los Pinos.

Pero Enrique Peña Nieto también podría aprovechar el mensaje que le acaba de gritar el electorado. Tiene una oportunidad histórica de hacer acuse de recibo, cambiando radicalmente su narrativa. Sería inteligente que abiertamente reconozca que los conflictos de interés de los que se les acusa a él y a miembros de su equipo no es ilegal pero debería serlo. Que él proponga los cambios necesarios. Que sea su gobierno quien se lance contra los corruptos. Si es necesario, puede proponer una amnistía que evite una cacería de brujas, pero dejando transparentemente claro que entiende que la corrupción que impera en México es insostenible e inaceptable.

No nos engañemos. Entre los candidatos que ganaron hay varios con pasados cuestionables. No podemos caer en pensar que la alternancia es en sí misma un éxito.

Si consideramos que en todo el mundo se han desarrollado movimientos políticos en contra de partidos y políticos establecidos (el famoso establishment), tenemos que preguntarnos quién puede canalizar ese descontento en México. Si los partidos insisten en hacer más de lo mismo, se generará un vacío peligroso que AMLO, o alguien más igualmente impresentable, podría llenar.

El PAN tiene una segunda oportunidad que el electorado le pone en bandeja de plata. No sólo tienen que cerrar filas y llegar a un acuerdo entre Margarita Zavala, Ricardo Anaya y Rafael Moreno Valle, sino que tienen que decidirse a ser un partido moderno de centro derecha que se aleje de dogmas absurdos y concentre toda su atención en toda medida que fortalezca instituciones, mejore la impartición de justicia, reduzca la corrupción y contribuya a construir imperio de la ley. Es infinitamente más fácil decirlo que hacerlo, y si nos guiamos por su desempeño histórico, podemos apostar a que la oportunidad será desperdiciada.

El mensaje de los electores no pudo ser más claro y en 2018 la presidencia será de quien mejor lo entienda.

Twitter: @jorgesuarezv

También te puede interesar:
Las elecciones, subasta al mejor postor
Entre la impunidad y la violación de derechos humanos
Darnos atole con el dedo es peligroso e irresponsable