Opinión

Rusia enfrenta sus desafíos

 
 
 

  

Hoy cientos de ciudadanos de Crimea salieron a la calles para celebrar el primer aniversario de la anexión de Crimea a Rusia. Con banderas, pancartas y los colores pintados de la bandera rusa desfilaron jóvenes por la calles de esa ciudad.

Nada mejor que ir personalmente a Rusia para verificar cómo enfrenta este país sus actuales desafíos. La prensa mexicana y anglosajona a la que tenemos acceso a veces nos da una visión poco objetiva de lo que sucede en este país, todavía el de mayor superficie física en el mundo, donde existen ocho husos horarios diferentes.

Me tocó visitarla 20 años atrás, en 1993-95. Como director general de la ONUDI presencié los impactos morales, políticos y económicos del colapso soviético, el fin de la Guerra Fría y del bipolarismo sobre esta gran nación. En esa época Rusia estaba devastada, pero recuerdo bien a un Putin en el gobierno de San Petersburgo con una orgullosa convicción en medio de la adversidad de que Rusia resurgiría porque tenía mucho corazón, cerebro y voluntad, probadas desde la época de Pedro el Grande y Catalina, frente a Napoleón en 1812 y en las dos guerras mundiales.

Visitar 20 años después durante dos semanas Moscú, San Petersburgo y alrededores en una Rusia asediada por las sanciones americanas y europeas tras la anexión de Crimea y los conflictos con Ucrania fue una experiencia aleccionadora.

Primero que nada me impresionó la vitalidad de ambas ciudades legendarias. Rusia está viva y su población muy orgullosa, disfrutando el verano en las calles, visitando sus parques y museos, sus iglesias y monasterios con un rejuvenecido fervor cultural y religioso, que no estaba ahí hace 20 años. Llama la atención la movilidad de sus habitantes en auto, tren, bicicleta, autobús y sobretodo vía los Metros de Moscú y de San Petersburgo, que son de los mejor trazados, más activos y bellos del mundo y su tren rápido que hoy hace en cuatro horas el trayecto entre sus dos grandes ciudades que un tren normal hace en toda la noche.

Eso sí, todo sigue en alfabeto cirílico y en lengua rusa. Difícil encontrar gente que hable en inglés o cualquier otro idioma. Un guía ruso parlante es indispensable, fuera de los hoteles y principales restaurantes, que los hay muchos, instalados en los viejos palacios y en nuevos y modernos centros comerciales occidentalizados.

Mis guías turísticas se referían a Moscú en cinco días y San Petersburgo en tres.

En la práctica 15 días apenas bastaron para un activo programa turístico y cultural en que mi esposa y yo caminamos un promedio de seis a cinco kilómetros diarios embobados con estas ciudades que han sido muy embellecidas en los últimos diez años y ahora experimentan múltiples obras veraniegas en preparación a los visitantes que acudan a la Copa de Futbol en 2018.

La mitad de los turistas son los propios rusos disfrutando su verano y vacaciones, un 45 por ciento de grandes grupos de chinos con alto poder de compra y un 5.0 por ciento restante de otras nacionalidades: europeos, indios, coreanos, japoneses, latinoamericanos. Pocos estadounidenses y mexicanos.

Una embajada mexicana muy activa. Mi amigo, el embajador Rubén Beltrán, ya habla ruso en menos de tres años y eso hace una diferencia. Se han instalado oficinas de turismo y de Proméxico para fomentar comercio, inversiones y viajes cada vez más frecuentes de rusos al Caribe mexicano. Gruma y Nemak realizan inversiones. En el Metro vemos carteles en homenaje a Octavio Paz.

¿Cuáles son los problemas principales de la Rusia actual?

Primero la recuperación de la economía. Tras la caída de los precios del petróleo y el gas y los minerales, sus principales exportaciones, se espera una caída del PIB de 1.5 a 2.0 por ciento en 2015 y apenas una estabilización en 2016. La balanza comercial sigue siendo favorable, pero la economía es muy dependiente de la exportación de energía y de importaciones de alimentos y bienes de consumo de Europa.

Ante las sanciones financieras y de abastecimientos por parte de Estados Unidos y la Unión Europea, Rusia ha establecido contrasanciones para productos europeos y logrado acuerdos para aumentar el volumen de exportaciones de energéticos y minerales a China, India y otros países asiáticos. Están sustituyendo importaciones europeas con alimentos sudamericanos y ropa y calzado asiático. Las sanciones están siendo violadas, como suele suceder, a través de importaciones vía países vecinos (Bielorusia, por ejemplo) y algunas vías ilegales de comercio y transporte. EU acaba de reforzar las sanciones financieras y las prohibiciones a empresas norteamericanas de comerciar con la empresa petrolera estatal Rosneft, con el Banco de Comercio Exterior y aún -extrañamente- con el Fondo BRICS de inversiones para el desarrollo.

Rusia ha reaccionado haciendo más estricto el cumplimiento de sus contrasanciones: el próximo 6 de agosto entra en vigor un decreto por medio del cual se ordena la destrucción de las mercancías localizadas de origen prohibido. Al mismo tiempo, comienzan a promover la sustitución de importaciones, que se hace atractiva por la devaluación del rublo, similar a la que ha ocurrido con el peso mexicano frente al dólar estadounidense. Finalmente, ha logrado en las más recientes reuniones de BRICS y del Grupo Shanghái convenios para intensificar comercio en sus propias divisas y promover grandes proyectos de inversión en infraestructura, apoyados, entre otros medios, por el nuevo Banco Asiático de Desarrollo de Infraestructura.

En pocas palabras, las sanciones occidentales están empujando a Rusia a estrechar sus operaciones con China, India y otras naciones asiáticas y latinoamericanas.

En el terreno político, Putin se ha vuelto indudablemente cada vez más popular. Su índice de apoyo político está por arriba de 80 por ciento. El nacionalismo y la vuelta a los valores culturales rusos se han reforzado. Putin es criticado por su autoritarismo, pero respetado por su gente que se identifica con esos valores y reacciona ante las amenazas occidentales.

Algunos comentaristas (Roger Coen, NYT) argumentan que “el putinismo es contrarrevolucionario” y abogan por seguir reforzando sanciones y efectuar un permanente despliegue de armas pesadas en la región para amedrentarlo. Yo no concuerdo. Por el contrario, la democratización y globalización de Rusia y su cooperación con Occidente, tan importante en los tiempos actuales de crisis mundial y crecimiento del Estado Islámico, pueden verse afectadas por posiciones miopes. Rusia también está preocupada dentro de sus fronteras y en países aledaños por el islamismo radical. Su papel en las negociaciones con Irán y Siria ha sido crucial. Sus tradicionales relaciones con Egipto le otorgan un lugar importante en cualquier negociación futura de Medio Oriente.

Rusia siempre ha sido potencia en la frontera entre Europa y Asia. Su papel es clave, aunque el autoritarismo choque con valores occidentales actuales. Napoleón y Hitler entendieron que al alma y la enjundia rusa no se le podía menospreciar. Hoy no se le puede marginar con hostigamientos inútiles. Como señala Joseph Nye, el gran experto en seguridad internacional en una entrevista reciente (Foreign Affairs LA-julio-sept. 2015): “nadie ganará con el aislamiento de Rusia o con una nueva Guerra Fría” en el actual escenario internacional.

El autor es investigador asociado de El Colegio de México y presidente del Centro Tepoztlán Victor Urquidi AC.

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