Opinión

'Room': muchas ideas, pocas nueces

 
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Room.

La epónima recámara de Room es francamente horrible. El escusado no cuenta con tapa, las cobijas parecen propiedad de un jipi mugriento, la alacena carece de alimentos nutritivos y los muros tienen un color oxidado y marrón. Si bien el director Lenny Abrahamson nos impide determinar las dimensiones del cuarto con exactitud, intuimos que se trata de un espacio insuficiente para sus habitantes: Joy (Brie Larson), una chica de aspecto descuidado, y su hijo Jack (Jacob Tremblay), un pequeño hooligan con greñas de Jim Morrison. Joy lleva encerrada siete años ahí y Jack nunca ha estado afuera. Su único contacto con el exterior es a través de una televisión anticuada y un tragaluz en el techo. La tensión inicial de Room deriva de esta interesante disparidad: una mujer que se sabe prisionera y añora el mundo, conviviendo con un niño para quien el universo entero está contenido dentro de esas cuatro paredes.

Al principio, Room funciona como un sólido argumento a favor de los anticonceptivos. Jack atenta contra la salud mental de su pobre madre, se niega a probar su pastel de cumpleaños, cae en estados histéricos a propósito de cualquier desacuerdo y, cuando recibe un cochecito a control remoto de regalo, utiliza el juguete para atropellar los pies de Joy una y otra y otra vez. Por desesperante que resulte, es fácil comprender su inestabilidad emocional. Truman (Jim Carrey) vivía encerrado en un símil de los paradisiacos cabos de Florida, y Chance (Peter Sellers), en Being There, otro individuo que confunde la televisión con la realidad, podía regar plantitas y deambular por las calles. Jack se entretiene decorando un collar con cáscaras de huevo y duerme en un armario mientras su madre satisface las necesidades de Old Nick, el captor de ambos. Yo también me volvería loco.

Eventualmente, Abrahamson abandona el cuarto y divide la trama. La primera mitad tiene elementos de thriller eficaz; la segunda es un dramón que no sabe adónde dirigirse. Room es una película al mismo tiempo difusa, llena de ideas apenas desarrolladas, y constreñida por la especificidad de su premisa. Abrahamson jamás logra enlazar la tragedia de Joy y Jack con temáticas o dolores más universales, a menos de que varios miembros de la audiencia hayan sido secuestrados por un psicópata, forzados a dar a luz en cautiverio y a criar al retoño dentro de un cobertizo diminuto. En contraste, no se necesita ser víctima de un reality show tan elaborado como The Truman Show para entender las pulsiones que orillan a Truman a buscar una salida. Todos entendemos el valor de la libertad.

Room
Año: 2015
Director: Lenny Abrahamson
País: Canadá-Irlanda
Productores: Ed Guiney y David Gross
Cines: Cinépolis

Al cambiar de escenarios y, sobre todo, de conflicto, Abrahamson pierde la claridad que brinda enfocarse en un solo tema (o dos). Room podría leerse como una parábola del vínculo materno, visto a través del hijo: la recámara es una suerte de vientre, el escape un parto y el resto opera como la llegada a un mundo adulto, a veces áspero e incomprensible. Sin embargo, Abrahamson no profundiza esta idea, en gran medida porque no se atreve a fijar su punto de vista en Jack. Su atención se desvía para tocar los estragos del estrés postraumático, el drama de una familia rota, la borrascosa relación con un niño no deseado y la reinserción a la sociedad de un chico que no tiene herramientas para comprender ni disfrutarla (un Kaspar Hauser de los suburbios, pues). El resultado es vago y confuso. Una película que mayormente ocurre dentro de una recámara desconoce la importancia de la concreción.

Twitter: @dkrauze156

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