Opinión

Ronning y Markovitch: explorando


 
I. LA NAVEGACIÓN PRECOLOMBINA. En Un viaje fantástico (Kon Tiki, Noruega, 2012), señorial tercer filme de la dupla de polifacéticos noruegos de 40 años Joachim Ronning y Espen Sandberg (el forzado divertimento Bandidas 06 con Penélope Cruz y Salma Hayek, la altiva crónica de sabotajes en la Segunda Guerra Mundial Max Manus 08), con guión de Petter Sklavan supervisado por el veterano libretista escocés Allan Scott y basado en las exitosas memorias noveladas del propio expedicionario, el soñador antropólogo osloense vuelto navegante Thor Heyerdahl (Pal Sverre Hagen discretísimo) urde en playas de los Mares del Sur una descabellada idea, involucra el contradictorio apoyo de patrocinadores exigentes y emboleta a cinco audaces aventureros más para acometer por temeridad científica, hacia 1947, sobre una reforzadísima aunque finalmente frágil balsa de madera la travesía de ocho mil kilómetros por el Pacífico...
 
... para demostrar que los incas pueden haber cruzado el inmenso océano en sus primitivas embarcaciones y pudieron haberse asentado en las islas polinesias antes de Colón, con sorprendente y épico éxito en su comprobación confirmadora, luego de 101 turbulentos y peligrosos días, de Perú a Tahití.
 
La navegación precolombina configura una ardua, brillante y emotiva ficción, hermosa a su hiperkinética manera, que jamás se enfoca como una hazaña legendaria, ni como un viaje iniciático o mitológico, ni mucho menos como una maravilla mamila de Winnie Puh con Tigger a base de infladísimos efectos especiales tipo Una aventura extraordinaria (Lee 12), sino como un acontecimiento simplemente aventurero y prócer, pegado a la inmediatez, a los hechos cotidianos, a las grandes nimiedades náuticas, a la deriva de los elementos (tempestades, insolaciones) y de los encuentros animales (ese ataque de los tiburones como punto más alto del cine de acción hoy concebible) y de las necesidades (hambre, sed), a la corporalidad puesta en máximo riesgo letal y a la toma de difíciles decisiones radicales. La navegación precolombina reproduce las circunstancias contextuales y apremiantes, ¡de película!, de clásico documental Kon-Tiki filmado por el propio jefe de la expedición Heyerdahl sobre la marcha, difundido por todo el mundo en 1951, debidamente oscareado y narrado en sus memorias traducidas en su momento a 70 lenguas, recreando aquel duro rodaje inusitado con discreta indiscretísima camarita ubicua, inoportuna cual pocas y a veces actuando desde una pequeña lancha apenas flotadora para conseguir tomas de conjunto, logrando además, sobre la marcha, espléndidas efigies de la excéntrica tripulación y exóticas visiones de los nativos de los puntos de partida y de arribo, si bien reservando hasta la coda concluyente su guiño metafísico de cine dentro del cine, con esas cándidas imágenes en blanco y negro irrepetible e insólitamente originales mientras se especifican los futuros destinos peculiares de los participantes.
 
Y la navegación precolombina empieza como soliloquio de complicidad secreta consigo misma, al presentar la negación de no volver a hacerlo del niño Thor que saltaba de témpano en témpano de hielo-casi-irrealidad-espejismo que se quebró semicongelándolo, y termina como innombrable tragedia subjetiva al unir a distancia ante una misma puesta de sol al victorioso adulto Thor que ha dejado todo por detrás y a la linda esposa rubia Liv (Agnes Killelsen) que lo ha abandonado con el deseo de no coartar su renovado propósito de ir en libertad rumbo a Lo Desconocido, para expulsar y dejar atrapadas entre esas dos bellas secuencias poéticas la idea fija y la tenacidad hasta sus últimas consecuencias, el esplendor y la gracia, la agonía y el éxtasis, la obsesión y la culpa, las acres riñas y la entropía, la plenitud y el vacío de un fílmico-suprafílmico Retrato/Autorretrato del aventurero de hoy y de nunca más.
 
II. LA INFANCIA ADVERSA. En El premio (Argentina-México-Francia-Polonia, 2011), crispado debut minimalista temática e hipnóticamente sudamericano de la valiosa libretista argenmex de 43 años Paula Markovitch (coguionista en particular de la extrema Elisa antes del fin del mundo de De la Riva 96 y del gran díptico juvenil Temporada de patos / Lake Tahoe de Eimbcke 04/08, indispensables para sostener hoy la Ilusión del cine mexicano), la hipesensitiva niña de siete años Ceci (Paula Gianelli Hertzog fabulosa) vegeta en las gélidas playas patagónicas durante la dictadura militar argentina, jugando en solitario y apenas haciendo por excepción alguna amiguita local, pues su devastada madre perseguida política Lucía (Laura Agorreca) prefiere mantenerse y mantenerla cautamente aislada, impidiéndole repetir en el colegio lo que oye en casa, si bien el hecho de ganar inesperadamente un premio de composición obligará a la pequeña a recibir el galardón de manos del enemigo en una pomposa ceremonia oficial que pondrá en peligro la seguridad de las dos mujeres, solo a salvo gracias a la complicidad de un maestro inesperadamente solidario, rumbo a un inesperado final disyuntivo.
 
La infancia adversa se siente compulsiva y reiterativamente obligada a saldar deudas político-morales pendientes, aunque sea por medio del maniqueísmo melodramático-intimista más agudo, por una parte denunciando aquella traumática, inadmisible y hoy aún inasimilable crueldad grotesca de los verdugos, y por la otra parte evidenciando la dimensión más acechante y dolorosa de aquella anómala situación de las víctimas, lindante con la paranoia, en un simbólico invierno eterno y en la malsana añoranza fálica del padre ausente, acaso ya preso político o ejecutado.
 
La infancia adversa se apoya a la vez sobre la desoladora magia de un intimismo desolado, sobre un incesante frenesí escrutador de la cámara posDogma '95 en la mano semidocumental del polaco Wojciech Staron (también docuficcionista de vanguardia: Lección argentina 11), sobre la soberbia expresividad de las actricitas infantiles y sobre la diseminación hiperrealista de mini-mayúsculos detalles como los patines en la arena, los cuadernos y objetos diseminados en la playa, el perrito y el dibujo del corazonzote todocobijador, que remiten al despertar al mundo de una conciencia y una sensibilidad de antemano lastradas y desviadas pero aún con suficiente fuerza gélida y árida para contener los embates de cualquier ñoño neorrealismo encantador. Y la infancia adversa se autosaboteó a lo patético nacional e internacionalmente a causa de su indecisión entre dos finales contrapuestos: uno disneyano de happy-end iluso y falocrático en el que papi regresaba desde el fondo de la playa para que todo lo sufrido se remediara ipso facto negando la pertinencia dramática de la película misma, y un hermoso final abierto muy consecuente en el que la niña en el último grado del abandono desesperanzado aunque optimista permanece congelada contemplan- do la inmensidad de la playa por donde quizá nadie nada nunca habrá de venir (¿cuál final-sentido prefieres tú?)