Opinión

Roland Barthes

 
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Roland Barthes.

Muy cerca de la “Mesa de novedades” que Gamés ha puesto en el amplísimo estudio hay una mesa contigua a la que Gilga le ha impuesto el nombre de “Más allá del presente”, en ella apila libros que se han salvado de la redada del presente perpetuo. En esa superficie de finísima madera, Gil ha puesto algunos libros de Roland Barthes, el crítico y escritor francés que inventó una nueva forma de acercarse a la literatura y que descubrió algunos de los mitos modernos. Este año se cumplen cien del nacimiento de Barthes que moriría a consecuencia de los golpes que le ocasionó una furgoneta que lo arrolló en la calle de Écoles, frente a la Sorbona. Gamés recuerda el final de los años setenta y el principio de la década negra de los ochenta mexicanos. Un libro iba y venía en los cafés y las cantinas. Mitologías (Siglo XXI, 1980), de Barthes. En esas páginas fundadoras, la vida cotidiana y los mitos se encontraban como se encuentran los objetos y el saber. Muchas veces se estrelló Gilga ante el muro barthesiano construido con los pesados ladrillos del estructuralismo y la semiología; es decir, los horrores de Saussure, Jackobson y Benveniste y también de la corriente alterna de Lévi-Strauss. Gil recuerda que cada vez que alguien le hablaba del “hipertexto”, él “hiperventilaba”. Cuando Gamés leyó Sobre Racine supo que estaba ante un crítico mayor de la literatura.

Hay dos libros que Gamés aprecia en especial y que de alguna forma rara se conectan: Fragmentos de un discurso amoroso (Siglo XXI, 1982) y Diario de duelo, 26 de octubre de 1977-15 de septiembre de 1979 (Siglo XXI, 2009). El primero es un estudio sobre un discurso de una extrema soledad, el del enamorado; el segundo, los apuntes de duelo de Barthes por la muerte de su madre. Aquí va un navío cargado de…Barthes.

Es pues / un enamorado / el que habla / y dice:
El gesto del abrazo amoroso parece cumplir, por un momento, para el sujeto, el sueño de unión total con el ser amado.

Anulación. Explosión del lenguaje en el curso del cual el sujeto llega a anular el sujeto amado.

Cada mañana, hacia las seis y media, afuera en la oscuridad el ruido de hierro de los botes de basura. Ella decía con alivio: la noche por fin ha terminado (sufría por la noche, ella sola, cosa atroz).

La medida del duelo. (Larousse memento): dieciocho meses para el duelo de un padre, de una madre.

Que esta muerte no me destruya por completo, quiere decir que decididamente quiero vivir perdidamente, hasta la locura, y que por lo tanto el miedo de mi propia muerte está ahí, no se ha desplazado ni una pulgada.

No quiero hablar por temor a hacer literatura –o sin estar seguro de que eso no lo sería– aunque de hecho la literatura se origine en estas verdades.

Soledad = no tener a nadie en casa a quien poder decir: regreso a tal hora o a quien poder hablar por teléfono para decir: ya regresé.

Hay un tiempo en que la muerte es un acontecimiento, una a-ventura, y con ese derecho moviliza, interesa, tiende, activa. Y luego un día, ya no es un acontecimiento sino otra duración, amonestada, intransigente, gris, sin recurso: duelo verdadero, insusceptible de una dialéctica narrativa.

Confusión de las funciones (durante meses, fui su madre, es como si hubiera perdido a mi hija.) ¿Hay dolor mayor? No había pensado en eso.

Angustia, desherencia, apatía: sola, a bocanadas, la imagen de la escritura como “cosa que da ganas”, refugio, “salvación”, proyecto breve, amor, alegría. Supongo que la devota sincera tiene los mismos sentimientos hacia su Dios.

No decir Duelo. Es demasiado psicoanalítico. No estoy en duelo. Estoy afligido.

No tengo deseo sino necesidad de soledad.

La emoción (la emotividad) pasa, queda la aflicción.

No suprimir el duelo (la aflicción) (idea estúpida del tiempo que abolirá) sino cambiarlo, transformarlo, hacerlo pasar de un estado estacionario (éxtasis, nudos en la garganta, recurrencias repetitivas de lo idéntico a un estado fluido).

Sí, los viernes, Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras los camareros acercan las bandejas que sostienen el Glenfiddich 15, Gil pondrá a circular la frase de Heidegger por el mantel tan blanco: “Sólo hay mundo donde hay lenguaje”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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