Opinión

Roca Rey, ¿el próximo rey?


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Andrés Roca Rey

Limeño de nacimiento y de familia muy taurina: un tío ganadero, otro rejoneador, un tío abuelo aficionado práctico y su hermano matador de toros, además que la familia ha sido empresaria del coso de Acho en la capital del Perú.

Estos son sólo sus antecedentes, lo que es realmente importante es su historia de vida. Andrés Roca Rey tiene hoy 19 años, desde niño sintió la vocación de ser torero al ver a su hermano Fernando entrenar y vivir la profesión. Con sólo siete años, de cumpleaños logró que un ganadero peruano (tras insistirle hasta el hartazgo) le echara una becerra para torear. Como Andrés hay muchos niños que sueñan con ser toreros, además si en casa experimentan el ambiente y tienen oportunidad de vivir de cerca la vida del toro y el torero, no es raro que en algún punto de su vida decidan intentarlo.

A los 11 años debutó en público toreando con su hermano en un festival en el Perú, desde ese momento los taurinos sabían que en Andrés había un torero de época, de estos que salen cada 15 o 20 años. La intuición y valor de aquel chaval eran comparables con las de El Juli, por ejemplo, cuando vino con 14 años a México. Como todo ser humano con estas cualidades, Andrés no se parece a nadie, tiene personalidad natural, no intenta ser simpático ni sabiondo —de hecho en el trato personal puede ser reservado—, sabe estar, no intenta acaparar la atención, es respetuoso y atento, pero tiene esa mirada distinta, tiene viveza en los ojos, piensa y sueña con el toro las 24 horas del día, se le nota.

Pisó ruedos mexicanos de niño, vino a concursar en el Encuentro Mundial de Escuelas Taurinas dos años consecutivos, en ambas ediciones ganó el primer lugar. El matador José Antonio Campuzano, figura del toreo, le puso el ojo desde entonces.

A los 15 años convence a su madre, con ayuda de su padre, de ir dos meses a la Escuela Taurina de Badajoz. Al año siguiente vuelven, padre e hijo, a convencer a la madre y asiste dos meses a la Escuela Taurina de Camas en Sevilla. Este verano queda ya bajo la tutela del maestro Campuzano y comienza una historia de encanto, de sacrificio, de entrega y dedicación, virtudes que conducen al éxito en cualquier profesión; por eso insisto que la tauromaquia reúne valores que aplicados a la vida son sinónimo de éxito.

Deja su natal Perú con 15 años y se va a vivir a Sevilla. En 2013 debuta sin caballos y verdaderamente arrolla. En 2015 pisa el ruedo de Las Ventas y abre la Puerta Grande, ese mismo año impacta en Sevilla; triunfa donde se presenta. En septiembre del año pasado se convierte en matador de toros, de manos del maestro Enrique Ponce, padrino también de su hermano Fernando; Nimes alberga tan relevante evento. Hay imágenes del maestro Ponce saludando a un niño torero, años más tarde lo hace matador de toros.

Casa Toreros —empresa mexicana que ha sabido adelantarse y adaptarse a los tiempos modernos— firma un apoderamiento para América; con visión y trabajo ponen a Andrés a torear en las mejores ferias y en las mejores condiciones. Roca Rey responde con fuerza y demuestra en el ruedo su capacidad y amplio techo como torero. En España lo apodera la casa Pagés, empresarios de Sevilla, ni más ni menos.

A sus 19 años este torero tiene la oportunidad de escribir tarde a tarde el sueño que desde niño viene labrando, con calma y buena letra, con un plan bien trazado y ejecutado de la mano del toro, su aliado y su pasión.

Ante los toros, Roca Rey emociona porque sabe qué hacer, lo hace con naturalidad y rebasa la línea de fuego, se pone donde los toros embisten, pero también hieren y eso se traduce en emoción, cuenta con el don del temple y su toreo es largo y sentido, el que gusta en todas las plazas.

Este domingo confirmará su alternativa en la Plaza México, de manos del hidrocálido Arturo Macías, quien también de niño soñó con ser torero. Como testigo estará el tlaxcalteca Sergio Flores, otro infante soñador. Para tan importante evento se ha reseñado un imponente encierro de Barralva, del encaste Atanasio. El domingo hay tres toreros con mucho que decir y seis toros auténticos en Insurgentes: un banquete imperdible.

Andrés Roca Rey fue un niño que quiso ser hombre. Hoy sus metas se han logrado. Queda mucha historia por escribir y él cuenta con todos los argumentos para hacerlo con letras de oro.

Twitter: @rafaelcue

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