Opinión

RIP NAFTA

 
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ME TLCAN. (Especial)

Parece que la sentencia ya está escrita, la pregunta es cuándo se publicará el acta de defunción. Es la única conclusión a la que se puede llegar ante las recientes declaraciones del presidente Donald Trump, secretario Luis Videgaray y algunos funcionarios canadienses, además de la realidad política que permea la negociación entre los países miembros.

Aunque los optimistas y todos aquellos que se beneficiaron del TLC quisieran pensar que es impensable la desaparición de un tratado que ha definido no sólo la relación de México ante Estados Unidos, sino México ante el mundo.

El gran experimento de integración de la región de América del Norte parece que ha llegado a su fin. Hace 23 años se inició uno de los tratados comerciales más grandes en la historia, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN o NAFTA, por sus siglas en inglés, en el cual se tenía por objetivo eliminar por tiempo indefinido las barreras al comercio y la inversión entre los tres países. Se buscaba no sólo una integración que convertiría América del Norte en la región más prospera del mundo, sino también más poderosa.

¿Por qué morirá el NAFTA? Porque es imposible que exista un matrimonio con tres personas. Aunque simplista la comparación es claro que, ante el conflicto y el cuestionamiento del tratado, Canadá no estará dispuesto a poner en riesgo su relación con Estados Unidos por mantener una incómoda relación con México.

Veamos lo que sucedió en las primeras horas de que Donald Trump asumiera la presidencia de Estados Unidos. Anunció formalmente la renegociación del NAFTA y la posible salida de Estados Unidos (EU) del tratado, acordó una reunión con el presidente Enrique Peña Nieto, llevó a cabo dos reuniones en donde amenazó –en persona– a los CEO de empresas que invierten en México y que buscan exportar productos a EU, se quejó amargamente ante legisladores que perdió el voto popular por culpa de “ilegales” que votaron (traducción mexicanos que votaron).

Al cierre de edición varias fuentes comentaban que firmarían un decreto anunciando nuevas medidas de seguridad para la frontera y en contra de indocumentados. Todo esto en menos de una semana de haber tomado protesta.

Pero la decisión más importante, lo que podría haber definido el futuro del TLC, fue la firma de un decreto que permitirá la construcción del gasoducto Keystone XL y Dakota Access –un megaproyecto que beneficia enormemente a Canadá– pero que detuvo el presidente Barack Obama por razones ambientales. Con este decreto terminó la negociación del TLC con Canadá. La negociación trilateral Estados Unidos, Canadá y México podría ser solamente una formalidad porque la muerte de NAFTA sería un hecho: Canadá y Estados Unidos continuarían su relación comercial basada en un acuerdo comercial existente antes del TLC.

De hecho, comentarios extraoficiales hecho por funcionarios canadienses a diferentes medios de comunicación nos llevan a esta conclusión. De hecho, el secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, y de Economía, Ildefonso Guajardo, comentaron que, de no lograrse una renegociación, México podría estar dispuesto a abandonar el NAFTA si no se obtienen condiciones que beneficie al país.

Más allá de las declaraciones y acciones de funcionarios de los tres países, hay una realidad política que determina el futuro del NAFTA. El populismo que surge alrededor del mundo, incluyendo la elección como presidente de Donald Trump, está directamente relacionado con un cuestionamiento fundamental sobre la globalización y el impacto de los tratados de libre comercio en empleos. Hay muy pocas probabilidades de que cualquier acuerdo que se firmase entre los tres países pudiera tener apoyo político y legislativo. Me pregunto: ¿qué legislador mexicano estaría dispuesto a ratificar un nuevo NAFTA que probablemente favorecería enormemente a EU (o por lo menos Trump aseguraría eso, aunque no fuera cierto)? Este mismo escenario se viviría en Estados Unidos y Canadá. Además, de todas las empresas, trabajadores y representantes de industrias, los millones de empleos que se beneficiaron del NAFTA, nadie sale a defenderlo. Y por eso el NAFTA morirá, porque nadie se atreve ni está dispuesto a defenderlo.

Tal vez en la reunión con el presidente de Estados Unidos, el presidente Peña Nieto pueda descifrar las verdaderas intenciones de Donald Trump. Hay una posibilidad de que busquen un mecanismo para no destruir el TLC y los beneficios que representaban una América del Norte unificada. Aunque todos los pasos que ha dado Trump desde la campaña presidencial indicarían todo lo contrario. ¿Qué fichas tiene el presidente y México para negociar en este momento?

Qepd el NAFTA.

Twitter: @Amsalazar

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