Opinión

Reyes sin trono ni reino

Esta semana nació y fue bautizado por el secretario de Gobernación oootro coordinador. El senador Humberto Mayans Canabal es ahora titular de la coordinación de Atención Integral de la Migración en la Frontera Sur y tendrá la responsabilidad de “implementar políticas públicas de atención al migrante”. Político de afiliación priista, el senador Mayans Canabal es originario de Villahermosa, Tabasco; se desempeñó como secretario de Gobierno del estado de Tabasco (durante los primeros cinco años de la administración de Andrés Granier). Además, hasta el día de hoy fungió como presidente de la comisión de Asuntos Fronterizos en el Senado de la República.

La experiencia política del senador puede ser su escudo ante el tsunami de cuestionamientos que seguramente surgirán ante lo que ha sido una política confusa, con un gran potencial de convertirse en un desastre diplomático y humanitario.

¿O será el senador Mayans el siguiente chivo expiatorio?

El cliché de “crear una comisión o nombrar a un coordinador para asegurar que definitivamente nada se resuelva” parecería que no es el objetivo, pero sí presenta grandes retos. ¿Por qué las secretarías no se coordinan entre sí? ¿Por qué tiene que nombrarse un tercero para meterse en medio de las disputas territoriales del poder?

Pero estos tipos de nombramientos tienen una razón de ser. De fracasar la estrategia para la frontera sur, alguien tendrá que asumir el costo político y no será el secretario de Gobernación. Situación similar tiene Renato Sales, el coordinador nacional del combate al secuestro. Sales tiene una gran ventaja, pues puede poner sobre la mesa el número de secuestradores detenidos y víctimas rescatadas. Pero de continuar incrementando el índice de secuestros en el país, o de hecho si no se reducen los plagios, la responsabilidad caerá sobre Renato Sales y no sobre el secretario de Gobernación o el procurador.

La belleza de nombrar coordinadores o comisionados para enfrentar problemas difíciles que requieren conexión entre secretarías, sociedad civil, sector privado u otros países, es que de tener éxito la estrategia las medallas se los pone el secretario correspondiente; pero el fracaso no es huérfano, el padre en este caso sería el coordinador o el comisionado.

El nombramiento de los comisionados o coordinadores generalmente son propuestas baratas para el gobierno. Les dan pocos recursos, generalmente nada, y a cambio hacen el trabajo de varias secretarías.

El “éxito” del comisionado Alfredo Castillo en Michoacán en este momento tiene que ver también con números y los medios de comunicación. La pacificación de Michoacán todavía sigue siendo tema de debate y no está claro que sea permanente, ya que el estado está a punto de enfrentar un difícil y complejo proceso electoral. Aunque el comisionado está burocrática y jerárquicamente bajo el secretario de Gobernación, la capacidad de coordinar y mover las corporaciones federales dependerá de que las otras secretarías perciban que es el mismo presidente el que está detrás de este nombramiento. Y lo estaba. Primera lección: si un comisionado tiene la bendición del presidente, funciona; de lo contrario, es casi imposible enfrentar las marañas de las burocracias que siempre tenderán a sabotear el trabajo que involucre recibir órdenes de una persona ajena a ellos. Pero a corto plazo, parecería que sí ha habido resultados en Michoacán, que urgían para cualquier estrategia electoral del PRI.

Otra de las ventajas que tiene Castillo es que le dieron la facultad de encomendar la designación o remoción de funcionarios en el estado de Michoacán. No hay fuerza más poderosa para un burócrata recalcitrante que la de amenazar con despedir a los que no colaboran. Cuando la solución es crear una comisión o un coordinador, la mayoría de nosotros interpretaríamos esta decisión como una forma de asegurar que NO se resuelva el problema.