Opinión

Revolucionarios

 
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Stones.

Sólo pasaron 57 años, un poco más de medio siglo, para que la Revolución Cubana comandada por los Castro permitiera un concierto de rock de los grandes en la isla: los Stones en La Habana. Gil lo leyó en su periódico La Razón y en una nota de Carlos Olivares Baró: “Si Obama puso fin a la Guerra Fría, este cuarteto de setentones (Mick Jagger, Keith Richards, Ronnie Wood y Charlie Watts) –desconocido para 80 por ciento de los habitantes de la isla– ha derrumbado la concepción del hombre nuevo guevarista. En 1963, Fidel Castro decía en una de sus arengas: ‘Muchos de esos vagos, hijos de burgueses, andan por ahí con unos pantaloncitos demasiado estrechos, algunos de ellos con una guitarrita, en actitudes elvispreslyanas y que han llevado su libertinaje a querer ir a algunos sitios de concurrencia pública a organizar sus shows feminoides. La sociedad socialista no puede permitir este tipo de degeneraciones’”.

Defensores de los Castro y de la Revolución Cubana, ¿a qué les supo esta soflama del comandante? Palabras clave: vagos, guitarrita, hijos de burgueses, pantaloncitos, libertinaje, feminoides, degeneraciones. Dirán la misa socialista del bloqueo estadounidense y comulgarán con hostias revolucionarias, pero apenas unos años después, en México, en el año de 1968, un político hablaba muy parecido, se llamaba Gustavo Díaz Ordaz. ¿Cómo la ven? Dicho sea esto sin la menor intención de un albur castrista.

Las sales para Carmen y todas las integrantes de la vela perpetua de la revolución, unas gotas de Rivotril para Josetxo, dos Paxiles para Luigi Hernández.

Sí, amigos y amigas, Fidel se refería así, con esas palabras, a los jóvenes de aquel entonces mientras cerraba la isla y condenaba a los homosexuales al encierro. 57 años después, 500 mil personas asistieron a ver a los Rolling Stones.

Bien visto, el asunto es para llorar. Gil quisiera desahogarse un poco: la camarilla octogenaria que conduce una de las dictaduras más rancias del mundo se acerca a la muerte sin rendir cuentas de sus crímenes. A Gilga le gusta ponerse flamenco después de la Semana Santa.

EL CHE
Gamés lo leyó en su periódico Milenio el Sábado de Gloria. Un grupo de estudiantes de la Facultad de Derecho ha convocado a un mitin frente al edificio de Rectoría en el cual pedirán la desocupación del Auditorio Justo Sierra o 'Che Guevara'. Esa papa caliente le ha caído en las manos al rector Enrique Graue, misma papa que los anteriores rectores patearon hacia el futuro. Y el futuro llegó.

Gil vio una fotografía de la puerta del auditorio y leyó este letrero: “Espacio Autónomo de Trabajo Autogestivo”. Así le llaman los okupas del auditorio al narcomenudeo, al dormitorio, a la taquería, al baño y al muladar en el que han convertido ese auditorio los señores y señoras que viven en él desde hace 15 años.

El rector Graue ha dicho con toda claridad que agotará el diálogo con las brigadas violentas que viven en el auditorio. Gil considera que otros 15 años serían tiempo suficiente para agotar el diálogo con estas finísimas personas. El problema es que para entonces, 30 años después, habrán muerto de viejos los primeros ocupantes y entonces habrá de renovarse el diálogo con los hijos de aquellos héroes. Y así hasta el fin de los tiempos. Por estas razones lógicas, Gilga cree que lo más fácil es entregarle a los okupas el auditorio en comodato, con la obligación, eso sí, de devolverla en 300 años.

Es que de veras. ¿Por qué tantas consideraciones con una banda de asaltantes? Porque si entra la Policía y arresta a los ladrones, se rompe el jarrito de Tlaquepaque de la autonomía; porque la desocupación puede dar origen a un movimiento estudiantil, y eso a nadie conviene; porque evadir los problemas es la mejor forma de hacerlos crecer, por eso.

GUEVARA O SIERRA
Debe ser la edad. Gil Gamés no dudaría ni un segundo en devolverle al auditorio el nombre de Justo Sierra. Al final, el hombre nuevo guevarista lo arreglaba todo a balazos; Justo Sierra creaba instituciones, pensaba en la educación, en fon. Guevara consideraba que el revolucionario debía ser una máquina de matar; Sierra, al revés, pensaba que la vida estaba cerca del conocimiento. Sí, Gil lo sabe: se ha metido en camisa de numerosas varas. Lo que ha escrito del mismísimo Che ese gacetillero de la mafia en el poder, imperdonable: reaccionario, neoliberal, vendido al Peña. Con la pena, pero eso piensa Gilga, ¿qué le vamos a hacer?

La máxima de Cicerón espetó en el ático de las frases célebres:
Pensar es como vivir dos veces.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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