Opinión

Reunión anual del BID 2016: Argentina y México

 
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Pemex

Este fin de semana el Banco Interamericano de Desarrollo llevó a cabo su reunión anual en las paradisiacas islas de Las Bahamas. Cabe destacar que el lugar tuvo un significado especial debido a que este foro de discusión regresó al continente americano, después de que el año pasado el BID realizó su reunión en Busán, Corea del Sur. Este evento de cuatro días, que reunió a funcionarios de bancos centrales, ministerios de Finanzas y bancos de desarrollo locales y regionales, así como a economistas e inversionistas de todo el mundo que tienen un interés especial en Latinoamérica, se enfocó en cinco temas: (1) Finanzas públicas; (2) seguridad y Estado de derecho; (3) energía; (4) desarrollo del sector privado; y (5) cambio climático. Cabe destacar que en esta ocasión Argentina fue el país que más llamó la atención de los participantes de la reunión anual del BID. Esto se debió a la reciente victoria del presidente Macri y a la velocidad a la que ha podido revertir un sinfín de malas políticas instrumentadas en los últimos 12 años. Por su parte, México continúa percibiéndose como el país mejor posicionado para sobrevivir las olas de alta volatilidad y obtener mayores tasas de crecimiento hacia delante.

El fin de la política monetaria ultralaxa del Banco de la Reserva Federal en EU (Fed), así como el fin de la gran expansión económica de China y su desaceleración, terminó con muchos años de crecimiento sostenido en varias naciones de Latinoamérica. En mi opinión, el impacto particular de estos dos fenómenos en cada economía de la región está siendo determinado por tres factores: (1) Nivel de apertura tanto comercial como de la cuenta de capital; (2) el grado de participación de las materias primas (commodities) en las exportaciones totales; y (3) el apego a la ortodoxia económica. En este sentido, considero que los países con altos porcentajes en (1) y (2), guardan una alta correlación con el crecimiento de China y enfrentan un mayor traspaso de la depreciación cambiaria a la inflación. En este contexto, México se ve muy bien por su lejanía económica con China –que se está desacelerando– y su cercanía –también económica– con EU, así como el apego que han tenido las autoridades a la ortodoxia económica. Este apego ha sido muy relevante porque México la mantuvo, inclusive en momentos en los que la mayoría de los países llevó a cabo medidas de estímulo fiscal en el episodio subsecuente a la crisis de 2008-2009. En esos momentos el gobierno mexicano instrumentó medidas de consolidación fiscal.

No obstante lo anterior, México enfrenta retos importantes, como la forma en la que tendrá que arreglar la situación con Pemex. En ausencia de una reforma fiscal que fortalezca los ingresos no petroleros –que no se aprecia plausible en el corto plazo–, el gobierno mexicano continúa dependiendo de Pemex. Sin embargo, no se ve sencilla la manera en que el gobierno mexicano pueda arreglar a Pemex sin comprometer las finanzas públicas. Pemex tiene un claro problema de liquidez de corto plazo y necesita ajustes estructurales de largo plazo para poder ser más eficiente y construir capital (que actualmente es negativo). En este sentido, se necesitan inyecciones de dinero para arreglar ambos problemas y aunque la dependencia fiscal de los ingresos petroleros ha disminuido, continúa siendo significativa (~20 por ciento). Si bien varios inversionistas importantes me han comentado que tienen confianza en que el gobierno mexicano encontrará una trayectoria dinámica óptima para lograr enfrentar el dilema de Pemex, también me han comentado sobre la necesidad de contar con un mapa de ruta detallado sobre el plan que tiene el gobierno para arreglar este problema. No obstante lo anterior, en general se sigue percibiendo a México como el mejor país emergente y se continúa poniendo especial atención a la instrumentación de las reformas estructurales.

En mi opinión, la conclusión general para las economías de Latinoamérica es que, debido a que actualmente existe poco espacio para llevar a cabo políticas expansionistas tanto del lado fiscal como del monetario en la mayoría de estos mercados, los participantes de la reunión anual del BID se concentraron en dos acciones para propiciar crecimiento en la región: (1) Inversión en infraestructura, principalmente mediante asociaciones público-privadas; y (2) reformas estructurales para abrir o mejorar sectores relevantes de la economía. Considero que en México nos encontramos con avances importantes en ambas. Es importante continuar con los esfuerzos y seguir pensando en otras políticas que puedan propiciar el desarrollo del sector privado, tanto el ya establecido como el de los emprendedores.

El autor es economista en jefe de Grupo Financiero Banorte. Las opiniones que se expresan en el artículo no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, por lo que son responsabilidad absoluta del autor.

Twitter: @G_Casillas

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